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Textos y transcripciones

Clinton comparece ante el Senado para declarar sobre el ataque terrorista en Bengasi

24 enero 2013

El 23 de enero la secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton compareció ante el Senado de Estados Unidos para prestar declaraciones sobre el atentado terrorista de septiembre de 2012 contra el Consulado de Estados Unidos en Bengasi (Libia).

A continuación sigue una traducción de las declaraciones de apertura de Clinton ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado. Su declaración fue casi igual a la que pronunció más tarde ese día ante la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara:

(comienza el texto)

DEPARTAMENTO DE ESTADO DE EE.UU.
Oficina del Portavoz
23 de enero de 2013

DECLARACIONES

Declaraciones de la Secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton
Ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado
23 de enero de 2013
Washington, D.C.

SECRETARIA CLINTON: Muchísimas gracias, Sr. Presidente, miembro de más alto rango de la comisión y miembros de la comisión, tanto antiguos como nuevos. Les estoy muy agradecida por tener esta oportunidad y les agradezco enormemente su paciencia al concederme la oportunidad de venir y abordar estos temas con ustedes.

Tal como mencionaron el presidente de esta comisión y el miembro de más alto rango, los atentados terroristas en Bengasi el 11 de septiembre de 2012, que se cobraron las vidas de cuatro valientes estadounidenses —Chris Stevens, Sean Smith, Tyrone Woods y Glen Doherty— forman parte de un desafío estratégico más amplio para Estados Unidos y para nuestros socios en el norte de África. Hoy, quiero dar brevemente un poco de contexto en lo relativo a este desafío, compartir lo que hemos aprendido, cómo estamos protegiendo a nuestro personal y dónde podemos colaborar no solo para honrar a nuestros colegas difuntos, sino también para seguir defendiendo los intereses y valores de Estados Unidos.

Cualquier examen lúcido de este asunto ha de comenzar con este dato aleccionador: desde 1988 se han convocado 19 juntas de examen de responsabilidades para investigar atentados contra diplomáticos e instalaciones estadounidenses. Bengasi se suma a una larga lista de tragedias para nuestro Departamento, para otras agencias y para Estados Unidos: los rehenes en Teherán en 1979, el atentado bomba contra nuestra embajada y los barracones de los infantes de Marina en Beirut en 1983, las Torres Khobar en Arabia Saudita en 1996, nuestras embajadas en África Oriental en 1998, el personal del consulado asesinado en Yeda en 2004, el ataque de Khost en 2009 y demasiados más. Desde 1977, los terroristas han asesinado a 65 individuos del personal diplomático estadounidense.

Ahora bien, la lista de ataques frustrados, crisis evitadas y vidas salvadas es aún más extensa. No debemos olvidar nunca que nuestro personal profesional de seguridad acierta más del 99 por ciento de las veces, en condiciones adversas en todo el mundo. Por ese motivo, al igual que mis antecesores, deposito mi vida en sus manos, literalmente.

Debemos también recordar que los gobiernos de ambos partidos, en colaboración con el Congreso, han hecho esfuerzos concertados y de buena voluntad para aprender de estos ataques y muertes y llevar a la práctica las recomendaciones de las juntas de examen, así como encontrar los recursos necesarios y hacer lo mejor para proteger a nuestro personal de lo que se ha convertido en amenazas en constante evolución. Eso es lo mínimo que se merecen los hombres y mujeres que sirven a nuestro país. Es lo que estamos haciendo nuevamente, con su ayuda. Como Secretaria, no tengo prioridad ni responsabilidad mayor.

Como he dicho ya en numerosas ocasiones, yo asumo la responsabilidad y nadie está más decidido a lograrlo bien. Estoy decidida a dejar el Departamento de Estado y a nuestro país más protegido, más fuerte y más seguro.

Ahora bien, asumir la responsabilidad supuso también actuar rápidamente en aquellas primeras horas y días inciertos para responder a la crisis inmediata, pero también para proteger a nuestro personal y nuestras legaciones en zonas de alto riesgo en toda la región y en el mundo. Supuso iniciar una investigación independiente para determinar exactamente lo que había ocurrido en Bengasi y recomendar medidas para mejorar. Y supuso incrementar nuestros esfuerzos dirigidos a combatir el terrorismo y a encontrar maneras eficaces de apoyar las democracias incipientes en el norte de África y más allá.

Me gustaría compartir algunas de las lecciones que hemos aprendido, las medidas que hemos tomado y el trabajo que seguimos haciendo.

Primero, empecemos por la noche del 11 de septiembre y esos primeros días difíciles. Yo dirigí nuestra respuesta desde el Departamento de Estado, manteniendo estrecho contacto con oficiales de nuestro gobierno y del Gobierno de Libia. Así que fui testigo de lo que el embajador Pickering y el anterior jefe [del Estado Mayor Conjunto] Mike Mullen denominaron una coordinación oportuna y excepcional, sin demoras en las decisiones, sin negativas en el apoyo ofrecido por Washington y por nuestras instituciones militares. Y me gustaría hacerme eco de los elogios de la junta de examen por la valentía y el coraje demostrados por nuestro personal sobre el terreno, en particular los profesionales de seguridad en Bengasi y Trípoli. La junta indicó que la respuesta salvó vidas estadounidenses en tiempo real, y así fue.

La siguiente mañana, informé al pueblo estadounidense que milicianos fuertemente armados habían asaltado nuestro complejo y prometí llevarlos ante la justicia. Y estuve presente en el Jardín de las Rosas, junto al presidente Obama, cuando él habló sobre un acto terrorista.

Es importante también recordar que durante ese mismo periodo, fuimos testigos de ataques violentos contra nuestras embajadas en El Cairo, Sana’a, Túnez y Jartum, así como también grandes protestas fuera de muchas otras legaciones diplomáticas donde se encuentran miles de nuestros diplomáticos. Por este motivo, ordené inmediatamente un examen de nuestra situación de seguridad en todo el mundo, con especial atención en las legaciones de alto riesgo. Solicité al Departamento de Defensa que se sumara a los equipos de evaluación de seguridad interagenciales y que desplegara a cientos más de infantes de marina de seguridad. Designé al primer subsecretario de Estado adjunto para legaciones de alto riesgo a fin de que las misiones en lugares peligrosos reciban la atención necesaria. Y le pedimos al Congreso que nos ayudara a abordar las vulnerabilidades físicas, incluyendo el riesgo de incendio y la contratación de personal diplomático de seguridad adicional.

En segundo lugar, mientras tomábamos estas medidas, me apresuré a designar a la junta de examen de responsabilidades, bajo la dirección del embajador Pickering y el almirante Mullen, para poder entender, realizando un análisis objetivo e independiente, lo que había ido mal y cómo arreglarlo.

He aceptado todas sus recomendaciones. He pedido al vicesecretario de Administración y Recursos que dirija un grupo de trabajo para asegurar que las 29 recomendaciones se pongan en práctica en su totalidad y de modo rápido, así como tomar medidas adicionales más allá de las recomendaciones.

Además, les prometí a ustedes en mi carta del mes pasado que la puesta en práctica comenzaría, y ha comenzado. Nuestro grupo de trabajo comenzó por convertir las recomendaciones en 64 puntos específicos de acción. Estos fueron asignados a las distintas oficinas con plazos para su puesta en marcha. El ochenta y cinco por ciento de ellos está por concluir para fines de marzo; otros ya han sido completados. Y esta será una oportunidad de realizar un análisis completo y evaluar cómo tomamos las decisiones sobre dónde, cuándo y si el personal debe operar en zonas de alto riesgo, y luego ver cómo respondemos a las amenazas y crisis.

Hemos iniciado un examen anual de las misiones de alto riesgo, presidido por la Secretaria de Estado, y exámenes permanentes a cargo de los subsecretarios, para asegurar que las preguntas claves sobre la seguridad lleguen a los más altos niveles. Armonizaremos los protocolos para compartir la información con el Congreso. Estos están concebidos para incrementar la seguridad de nuestros diplomáticos y expertos en desarrollo y reducir las posibilidades de que vuelva a ocurrir otro Bengasi.

También hemos logrado progreso en un tercer frente, a saber: abordar el desafío estratégico más amplio que plantea el norte de África y la región, ya que, a fin de cuentas, [el ataque] en Bengasi no se produjo en un vacío. Las revoluciones árabes han sumido en la confusión la dinámica del poder y han destruido las fuerzas de seguridad en toda la región. La inestabilidad en Mali ha creado un remanso seguro para los terroristas que desean extender su influencia y tramar nuevos ataques del tipo que acabamos de ver la semana pasada en Argelia.

Y permítanme ofrecer mi más sentido pésame a las familias de los estadounidenses y de todas las personas de distintos países que murieron y sufrieron lesiones en esta reciente crisis de rehenes. Estamos en estrecho contacto con el Gobierno de Argelia. Estamos listos para proporcionar ayuda. Intentamos entender mejor lo que sucedió a fin de poder trabajar conjuntamente con los argelinos y otros para prevenir semejantes ataques terroristas en el futuro.

Evidentemente, las preocupaciones en torno al terrorismo y la inestabilidad en el norte de África no son nuevas. Estas han sido la máxima prioridad para todo el equipo de seguridad nacional de la Administración. Sin embargo, afrontamos un entorno de amenazas en rápida evolución, y hemos tenido que seguir trabajando para encontrar maneras de presionar a al Qaeda en el Magreb islámico y a los demás grupos terroristas en la región.

En las primeras horas y días, tuve consultas con líderes, el presidente de Libia, ministros de Exteriores de Túnez y Marruecos, y luego tuve una serie de reuniones en la Asamblea General de las Naciones Unidas donde se convocó una reunión especial centrada en Mali y el Sahel. En octubre viajé a Argelia para examinar la lucha contra AQIM. En noviembre, envié al subsecretario Bill Burns para hacer el seguimiento en Argel. Y luego en diciembre, copresidió, en mi lugar, una organización que establecimos para responder a algunas de estas amenazas: el Foro Mundial Antiterrorista, el cual se estaba reuniendo en Abu Dabi, así como una reunión en Túnez de líderes que trabajan para crear nuevas democracias y reformar los servicios de seguridad.

Hemos enfocado en nuestro objetivo al sindicato de terrorismo de al Qaeda, eliminando los remansos seguros, cortando los fondos, contrarrestando la ideología extremista, demorando el flujo de nuevos reclutas. Y seguimos buscando a los terroristas responsables por los ataques en Bengasi y estamos decididos a llevarlos ante la justicia. Estamos utilizando nuestros instrumentos diplomáticos y económicos para apoyar a estas democracias incipientes y para fortalecer las fuerzas de seguridad y contribuir a facilitar un camino para salir del extremismo.

Pero quiero recalcar la importancia de que Estados Unidos siga siendo líder en Oriente Medio, el norte de África, y en todo el mundo. Hemos recorrido un largo camino en los últimos cuatro años y no podemos replegarnos ahora. Cuando Estados Unidos está ausente, especialmente en entornos inestables, surgen las consecuencias. El extremismo se consolida; nuestros intereses sufren; y nuestra seguridad en el país se ve amenazada.

Es por eso que envié a Chris Stevens a Bengasi en primer lugar. Nadie conocía los peligros mejor que Chris; primero, durante la revolución, luego durante la transición. Un gobierno libio débil, milicias, grupos terroristas; explotó una bomba en el estacionamiento de su hotel, pero aun así él no vaciló. Porque comprendía que era fundamental para Estados Unidos estar representada allí en ese momento.

Nuestros hombres y mujeres que sirven en el extranjero entienden que aceptamos ciertos peligros para proteger al país al que amamos. Y ellos representan las mejores tradiciones de un país audaz y generoso. No pueden trabajar en búnkeres para desempeñar sus funciones. Por lo tanto, es nuestra responsabilidad asegurarnos de que dispongan de los recursos que necesitan y hacer todo lo posible para reducir los peligros.

Para mí, no se trata solo de las políticas. Es un tema personal. Yo estuve junto al presidente Obama cuando los infantes de Marina bajaron esos ataúdes envueltos en banderas del avión en [la base aérea] Andrews. Abracé a las madres y madres, hermanas y hermanos, hijos e hijas y esposas que quedaron solas para criar a sus hijos.

Fue uno de los grandes honores de mi vida dirigir a los hombres y mujeres del Departamento de Estado y USAID. Casi 70.000 personas sirven aquí en Washington; más de 270 legaciones en todo el mundo. Ellos se levantan y van a trabajar todos los días, con frecuencia en circunstancias difíciles y peligrosas, porque creen, al igual que nosotros, que Estados Unidos representa la fuerza para la paz y el progreso más extraordinaria que el mundo jamás haya conocido.

Y cuando sufrimos tragedias en el extranjero, el número de estadounidenses que se presenta al Servicio Exterior de hecho aumenta. Eso nos dice todo lo que tenemos que saber sobre la clase de patriotas de la que estoy hablando. Preguntan qué pueden hacer por su país, y Estados Unidos es más fuerte por eso.

Así que hoy, tras ejercer cuatro años en el cargo, viajando cerca de un millón de millas, visitando 112 países, mi fe en nuestro país y en nuestro futuro es más sólida que nunca. Cada vez que ese avión azul y blanco que lleva las palabras “Estados Unidos de América” aterriza en alguna capital lejana, siento nuevamente el honor de representar a la nación que es indispensable para el mundo. Confío en que, con su ayuda, mantendremos a Estados Unidos a salvo, fuerte y excepcional.

Así que quiero dar las gracias a esta comisión por su colaboración y su apoyo a los diplomáticos y expertos en desarrollo. Ustedes conocen la importancia del trabajo que hacen día tras día. Ustedes saben que los valores e intereses de seguridad nacional de Estados Unidos están en juego. Y agradezco lo que acaba de decir el miembro de rango Corker: Es absolutamente fundamental que esta comisión y el Departamento de Estado, con su nuevo Secretario y anterior presidente [de esta comisión], trabajen unidos para entender realmente y abordar los recursos, apoyo y cambios que se necesitan para afrontar amenazas cada vez más complejas.

Sé que ustedes comparten mi sentido de responsabilidad y urgencia, y si bien no todos estamos de acuerdo en todo, centrémonos en lo que realmente importa: proteger a nuestro pueblo y al país que amamos. Les doy las gracias por el apoyo que me han brindado de manera personal durante los últimos cuatro años.

Ahora con mucho gusto puedo responder a sus preguntas.

(fin del texto)