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Departamento de Estado de Estados Unidos
Declaraciones de Tara Sonenshine
Subsecretaria de Estado para Diplomacia Pública y Asuntos Públicos
Como fueron preparadas para su lectura
Los Ángeles, California
2 de octubre 2012
Declaraciones en el Consejo del Pacífico sobre Política Internacional
Gracias Ernie, por tu presentación. Y le agradezco en particular al Consejo del Pacífico por su invitación y a la compañía Southern California Gas por patrocinar el almuerzo.
Hace apenas tres semanas, les iba a hablar sobre los medios sociales. El subtítulo en aquella ocasión era “La Primavera árabe y más allá”. Sin embargo, los avances que se han producido desde entonces se han configurado para ampliar nuestra comprensión del período posterior a la Primavera árabe.
Me refiero a este suceso para mostrarles la rapidez con que las cosas pueden cambiar en el mundo, en gran parte gracias a los medios sociales. De hecho, me atrevería a decir que los medios sociales se han convertido en el catalizador más potente y estimulante de nuestros tiempos, ya sea para bien o para mal. Se trata posiblemente de un suceso tan importante en la historia de la humanidad como la Revolución Industrial.
Seamos claros: Los medios sociales son una entidad neutral. El uso que les da el hombre es lo que importa. Son los humanos que interactúan o responden a los medios sociales los que contribuyeron en gran manera a la Primavera árabe, así como a las protestas violentas que presenciamos en toda la región durante las últimas semanas.
Sin duda alguna, hubo otros factores: un desempleo desenfrenado entre la población joven, regímenes autocráticos que explotaban a los ciudadanos y los privaban de cualquier expresión política, y animadversión religiosa, entre otros. Sin embargo, ciertamente los medios sociales fueron una fuerza impulsora.
En primer lugar, vimos los medios sociales como un catalizador para un cambio principalmente positivo. En Túnez, un vendedor de frutas se inmoló en señal de protesta por la pérdida de su dignidad. Gracias a los medios sociales, este acto desesperado indujo una revolución que impulsó a la región y definió el curso de un camino largo y accidentado hacia la democratización.
En segundo lugar, en las últimas semanas hemos visto actos de violencia en muchos países (desde Jartum hasta el Cairo, Túnez y Bengasi) en contra de nuestras misiones diplomáticas y su personal. Muchos manifestantes se sintieron indignados por un vídeo reprobable que se subió a la red aquí en Estados Unidos pero, como saben, el gobierno estadounidense no tuvo nada que ver con el vídeo y condenó firmemente su mensaje y contenido.
Muchas personas de la región no entienden la libertad de expresión de la que gozamos aquí y reaccionaron con indignación. Pero cabe anotar que muchos no se lanzaron a las calles. Relativamente, fueron pequeñas multitudes en unos cuantos países las que aparecieron en los titulares, en lugar de las “mayorías silenciosas”, que permanecieron en sus hogares.
Dado que nos encontramos en Los Ángeles, permítanme recurrir a una metáfora cinematográfica, y no creo que esté fuera de lugar. Los medios sociales son como la fuerza de la “Guerra de las galaxias”. En casi todos los puntos del camino, la perspectiva de lo bueno y lo malo es motivo de preocupación. Todo depende de los seres humanos que la utilicen. En el caso de la Primavera árabe, los medios sociales fueron, en gran medida, una fuerza del bien, pero en el caso del vídeo se fue hacia el lado oscuro.
Hoy les quiero hablar sobre la importancia de utilizar los medios como una fuerza para el bien y sobre lo que el Departamento de Estado está haciendo para que ello suceda.
Primero, deseo compartir con ustedes algunos datos sobre los medios sociales.
Cada segundo, se sube una hora de vídeo a YouTube. Cada dos horas, esto suma nueve meses de vídeo. Al final de cada día, se ha subido el equivalente a una década.
Ahora escuchen esto: Cada diez días, se sube un siglo completo.
Voy a citar un artículo escrito por James K. Glassman, uno de mis predecesores en el cargo de subsecretaria para Diplomacia Pública. En los últimos cuatro años, el número de cuentas de Facebook en todo el mundo se ha multiplicado por siete y ha habido un crecimiento significativo en países que son críticos para la seguridad de Estados Unidos.
En Egipto, había 800.000 cuentas de Facebook a mediados de 2008; hoy hay 12 millones. En Pakistán, el aumento ha ido de 250.000 a 7 millones; en Turquía, de 3 millones a 31 millones. Twitter, que apenas existía en 2008, está creciendo aún más rápido.
Estos saltos gigantescos en torno a la tecnología están cambiando literalmente todo. Las personas están consumiendo y produciendo información de maneras profundamente diferentes; los movimientos políticos y culturales han pasado a ser transnacionales. En pocas palabras, el poder se está descentralizando. Ahora más que nunca, los pueblos están jugando un papel en las relaciones internacionales.
La Secretaria Clinton nos ha llamado a todos a que adoptemos e institucionalicemos la Diplomacia del siglo XXI, a fin de que podamos seguir al frente de los diálogos más enérgicos del mundo. Al escuchar y responder a través de los medios sociales, podemos generar un diálogo bidireccional enérgico con el mundo de formas nunca antes vistas.
No obstante, hay desafíos. Como hemos visto, el efecto de los medios sociales en la naturaleza humana (y viceversa) tiene consecuencias serias.
En estos tiempos influidos por Internet, estamos inmersos en la competencia por la atención y por las respuestas cada vez más rápidas. En el caso de Twitter, todo lo tenemos que escribir en un espacio de 140 caracteres o menos. Imaginen cuántos errores hay en tantas cosas con siete mil millones de ciudadanos del mundo todos tecleando con dos dedos sin pensar; esto aturde la mente.
Como gobierno y, francamente, como ciudadanos comunes tenemos que contrarrestar los rumores con hechos, enfrentar los arrebatos tiránicos con argumentos pacíficos sobre la libertad y, en general, apelar a lo mejor de todas las personas. Pero en el siglo XXI, nadie espera a que nos pongamos al día; tenemos que responder en tiempo real, frecuente y rápidamente, y de manera correcta.
En el caso de Libia y sus consecuencias, estamos trabajando precisamente para lograrlo. Estamos despertando el interés de las audiencias en todas partes sobre nuestra creencia fiel en la libertad de expresión y nuestra posición inquebrantable respecto a la tolerancia religiosa. De hecho, la secretaria Clinton hace poco publicó un importante vídeo en Youtube donde se expresan estas ideas. Y si me lo permiten, me gustaría compartir el enlace con todos.
[http://www.youtube.com/watch?v=_X5TP4fQos8]
Como afirmó el Presidente Obama en este vídeo, en Estados Unidos no vemos contradicción alguna entre nuestras firmes creencias religiosas y nuestra defensa de aquellos que pronunciarían las peores blasfemias contra ellas.
El punto es que necesitamos estar en el extremo reactivo: presentar nuestros contraargumentos ante lo falso, lo aborrecible y lo cínico. Esto lo hacemos a través del Centro de Comunicaciones Estratégicas de Antiterrorismo, donde nos conectamos en línea con grupos específicos donde se presentan no sólo los yihadistas, sino las audiencias más fáciles de convencer.
Cuando ingresamos al espacio digital y desafiamos sus mensajes, obligamos a aquellos libres de compromiso a prestar atención a otro punto de vista.
Participamos de manera proactiva con audiencias de jóvenes, mujeres y niñas y otras comunidades marginadas para fortalecer sus aspiraciones más positivas. También trabajamos para volver a encauzar las expresiones que transformarían sus frustraciones, así como sus esperanzas y sueños en propósitos negativos y extremistas.
Hace poco, escribí un comentario en un blog del sitio web del Departamento de Estado. Hablé sobre las excelentes herramientas de los medios sociales que utilizamos de muchas maneras para ponernos en contacto.
Los embajadores de Estados Unidos se están presentando a los ciudadanos a través de mensajes en vídeo difundidos en Internet y en los medios locales, están sosteniendo charlas en la red con el público, y prácticamente se ha vuelto impensable que no tengan una cuenta de Twitter.
De hecho, los comentarios de Twitter del embajador Roos durante el desastre del terremoto en Japón se convirtieron en uno de los recursos informativos de mayor uso durante este período. En Madagascar, cuando crecían los rumores de que el expresidente se había escondido en nuestra embajada después de su derrocamiento, los comentarios de Twitter de nuestra misión diplomática ayudaron invalidar estos rumores y a apaciguar las tensiones.
Incluso nos conectamos con públicos extranjeros en entornos no permisivos, como Cuba o Irán, a través de nuestras embajadas virtuales y las campañas de mensajes de texto tipo SMS.
El estrado tradicional de información del Departamento de Estado no ha desaparecido. De hecho, ahora es más importante que nunca y le estamos dando un nuevo poder de expansión.
Las cuentas del Departamento de Estado y de nuestras embajadas en los medios sociales difunden en todas partes las ruedas de prensa, discursos, notas para los medios, vídeos y materiales en línea.
Estamos realizando conferencias de prensa virtuales con periodistas de todos los continentes a través de nuestro programa "LiveAtState".
Contamos con centros internacionales de medios de Estados Unidos en todo el mundo para transmitir nuestros mensajes y ayudar a hacer entender la política estadounidense.
Más allá del podio, reconocemos que hablar y escuchar a las personas es parte integral del proceso de las políticas. Esta es la esencia de la diplomacia pública.
Hace sólo tres meses, teníamos 10 millones de seguidores de nuestras diversas páginas de Facebook, ahora contamos con 15 millones, incluida la página Our Planet, y las páginas en árabe, persa, ruso, español y francés. Nuestra embajada en Pakistán tiene más de 500.000 seguidores de Facebook y la misión utiliza esta plataforma como parte de la estrategia de alcance para amplificar sus mensajes.
Así que pueden ver la rapidez de nuestro crecimiento.
Alcanzamos a cientos de miles de personas cada día a través de programas de intercambio, mesas redondas, y llegamos a eruditos religiosos y líderes de ONG, negociantes y empresarios, estudiantes y consejeros educativos.
Muchos no se dan cuenta de esto, pero tenemos más de 800 “espacios estadounidenses” en todo el mundo que, ya sean rincones en bibliotecas o salas en centros binacionales, que les dan la oportunidad de aprender inglés a los ciudadanos extranjeros.
Pueden reunirse e interactuar con estadounidenses expertos en la materia o encontrar información sobre oportunidades de estudio extranjeros en Estados Unidos.
Todo esto puede tener una eficacia particular en los países donde el acceso a Internet es limitado o está restringido.
Y aquí, en Estados Unidos, sostenemos discusiones con estudiantes de todo el país a través de nuestro programa Aulas de política exterior.
El resultado de estas iniciativas es una población más informada, participativa y global, lo cual es esencial para los intereses a largo plazo de Estados Unidos desde el punto ventajoso de la prosperidad económica y la seguridad.
En pocas palabras, la diplomacia pública continúa, a pesar de todas las vicisitudes de los sucesos mundiales. Nos comunicamos y estamos participando cada segundo y cada día. Como pionero de la diplomacia pública, Edward R. Murrow una vez dijo que trabajamos para cerrar este eslabón crucial: el último metro.
En este espíritu, es decir, el de la conversación bidireccional, estoy deseosa de escucharlos. Permítanme recapitular lo que he dicho. Los medios sociales son una herramienta neutral. Son un desafío y una oportunidad. Si se dejan en manos irresponsables y cínicas, pueden crear divisiones. Si se utilizan de maneras positivas, pueden unir a las personas.
Sabemos en qué lado de la brecha nos encontramos y trabajamos a diario para garantizar que llevemos adelante esta agenda positiva.
Debo decir también lo siguiente: el gobierno no es el único agente en esto. Todo lo contrario. Son las personas como ustedes: estudiantes, ciudadanos del mundo, personas de conciencia, quienes pueden compartir información positiva y crear redes positivas.
Al trabajar juntos y utilizar los medios sociales como una herramienta de comunicación positiva, podemos ganar la batalla en pro de la humanidad.
En este mismo momento, y en el futuro cercano, espero escuchar de ustedes las maneras de las que podemos seguir haciéndolo.
Gracias.
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