A continuación una traducción de las declaraciones de la secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton con motivo de la muerte de funcionarios estadounidenses en Bengasi (Libia):
(comienza el texto)
DEPARTAMENTO DE ESTADO DE ESTADOS UNIDOS
Oficina del portavoz
12 de septiembre de 2012
Declaraciones de la Secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton sobre la muerte de personal estadounidense en Bengasi, Libia
12 de septiembre de 2012
Sala de Tratados
Washington, D.C.
SECRETARIA CLINTON: Ayer, la misión diplomática de Estados Unidos en Bengasi (Libia) fue atacada. Militantes fuertemente armados asaltaron el complejo y prendieron fuego a nuestros edificios. Personal de seguridad estadounidense y libio contraatacó a los asaltantes. Cuatro estadounidenses fueron muertos. Entre ellos estaban Sean Smith, funcionario de administración de información del Servicio Exterior y nuestro embajador en Libia, Chris Stevens. Todavía estamos realizando notificaciones a los familiares más próximos de los otros dos individuos.
Este es un ataque que debería impactar en la conciencia de personas de todos los credos en todo el mundo. Condenamos en los términos más firmes este acto de violencia sin sentido y enviamos nuestras oraciones a las familias, amigos y colegas de aquellos que hemos perdido.
En todo el mundo, todos los días, diplomáticos y expertos en desarrollo estadounidenses ponen sus vidas en peligro al servicio de nuestro país y de nuestros valores porque creen que Estados Unidos ha de ser una fuerza para la paz y el progreso en el mundo, porque creen que estas aspiraciones son algo por lo que merece luchar y sacrificarse. Junto a nuestros hombres y mujeres que visten uniforme, representan las mejores tradiciones de un país audaz y generoso.
En el vestíbulo de este edificio, el Departamento de Estado, hay una placa de mármol que tiene inscritos los nombres de los caídos en el ejercicio del deber. Nuestros corazones sufren por cada uno de ellos; y ahora, a causa de esta tragedia, tenemos nuevos héroes a los que rendir homenaje y mas amigos por los que estar de luto.
Chris Stevens se entusiasmó con Oriente Medio cuando era un joven voluntario en el Cuerpo de Paz que enseñaba inglés en Marruecos. Se unió al Servicio Exterior, estudió idiomas, ganó amigos para Estados Unidos en lugares lejanos y convirtió en suyas las esperanzas de otros.
En los primeros días de la revolución libia le pedí a Chris que fuera nuestro emisario ante la oposición rebelde. Llegó en un buque de carga al puerto de Bengasi y comenzó a entablar relaciones con los revolucionarios libios. Arriesgó su vida para detener a un tirano, y luego entregó la vida intentando construir una Libia mejor. El mundo necesita más personas como Chris Stevens. Esta mañana hablé con su hermana, Ann, y le dije que será recordado como un héroe en muchos países.
Sean Smith era un veterano de las Fuerzas Aéreas. Pasó 10 años trabajando como funcionario de administración de información en el Departamento de Estado. Estaba destinado en La Haya y se encontraba en Libia en una misión temporal y breve. Estaba casado y esta mañana hablé con su esposa, Heather. Era padre de dos niños pequeños, Samantha y Nathan. Estos crecerán sintiéndose orgullosos del servicio que su padre hizo a nuestro país, un servicio que le llevó desde Pretoria hasta Bagdad, y finalmente a Bengasi.
La misión que atrajo a Chris y a Sean y a sus colegas a Libia es tanto noble como necesaria, y nosotros y el pueblo de Libia rendimos homenaje a su memoria al continuarla. Esto no es fácil. Hoy muchos estadounidenses se preguntan, y por supuesto, yo me pregunto a mí misma, ¿cómo es posible que haya sucedido esto?, ¿cómo es posible que esto ocurra en un país que ayudamos a liberar, en una ciudad que ayudamos a salvar de la destrucción? Este interrogante refleja lo complicado y, en ocasiones, lo confuso que puede ser el mundo.
Sin embargo, incluso en nuestro dolor, debemos tener la vista clara. Este fue un ataque perpetrado por un grupo pequeño y salvaje, no por el pueblo ni el gobierno de Libia. En todos los lugares a los que Chris y su equipo fueron en Libia, en un país con las cicatrices de la guerra y la tiranía, eran considerados amigos y socios. Y cuando se produjo el ataque ayer, los libios se plantaron y lucharon para defender nuestras instalaciones. Algunos resultaron heridos. Fueron libios los que trasladaron el cuerpo de Chris al hospital y los que ayudaron a rescatar a otros estadounidenses y los pusieron a salvo. Anoche, cuando hablé con el presidente de Libia, condenó tajantemente la violencia y ofreció todos los esfuerzos para proteger a nuestro personal y encontrar a los responsables.
La amistad que une a nuestros países, nacida de las dificultades compartidas, no será otra víctima de este ataque. Una Libia libre y estable sigue siendo de interés y seguridad para Estados Unidos, y no daremos la espalda a esto, ni descansaremos hasta que los responsables de estos ataques sean encontrados y comparezcan ante la justicia. Estamos trabajando estrechamente con las autoridades libias para avanzar con celeridad y seguridad. También trabajamos con socios de todo el mundo para proteger otras embajadas, consulados y ciudadanos estadounidenses.
Habrá más tiempo más tarde para reflexionar, pero hoy tenemos trabajo que hacer. No existe mayor prioridad que la de proteger a nuestros hombres y mujeres sea donde sea que sirvan. Estamos intentando averiguar las motivaciones y métodos precisos de los que llevaron a cabo este asalto. Algunos han intentado justificar este comportamiento atroz, así como la protesta que se produjo ayer en nuestra embajada en El Cairo, como la respuesta a materiales escandalosos que circularon en Internet. El compromiso de Estados Unidos con la tolerancia religiosa se remonta a los albores de la historia nuestro país. Pero permítanme ser clara: no hay justificación para esto, ninguna. Este tipo de violencia no rinde homenaje de ninguna manera a la religión o la fe, y mientras existan aquellos que destruyen vidas inocentes en nombre de Dios, el mundo nunca conocerá una paz verdadera y duradera.
Es particularmente difícil que esto haya ocurrido el 11 de septiembre. Es un aniversario que significa mucho para todos los estadounidenses. Todos los años en ese día se nos recuerda que nuestro trabajo no ha terminado todavía, que la tarea de poner fin al extremismo violento y crear un mundo seguro y estable todavía continúa. Sin embargo, el 11 de septiembre significa incluso más. Es el día en el que recordamos a miles de héroes estadounidenses, los lazos que conectan a todos los estadounidenses, dondequiera que estemos en este planeta, y los valores que nos ayudan a superar todos los obstáculos. Y ahora es el día en el que recordaremos a Sean, a Chris y a sus colegas.
Que Dios les bendiga y que Dios bendiga a los miles de estadounidenses que trabajan en todos los rincones del mundo para hacer de este país la mayor fuerza de paz, prosperidad y progreso, y una fuerza que siempre ha defendido la dignidad humana, la mayor fuerza que el mundo haya conocido nunca. Y que Dios continúe bendiciendo a los Estados Unidos de América.
Gracias.
(termina el texto)