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Textos y transcripciones

Discurso de Clinton respecto al Informe sobre Libertad Religiosa Internacional 2011

31 julio 2012

A continuación una traducción de las declaraciones de la secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton al anunciarse la publicación del Informe sobre Libertad Religiosa Internacional 2011:

(comienza el texto)

DEPARTAMENTO DE ESTADO DE ESTADOS UNIDOS
Oficina del portavoz
30 de julio de 2012

Discurso de la secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton
Con motivo de la publicación del Informe sobre Libertad Religiosa Internacional 2011

30 de julio de 2012
Fundación Carnegie para la Paz Internacional
Washington, D.C.

SECRETARIA CLINTON: Bueno, muchas gracias, es un placer estar hoy aquí con ustedes para hablar sobre un tema que impacta la vida de personas en todo el mundo tanto como cualquier otro: la libertad religiosa. Quiero darle las gracias a Jessica Matthews, no sólo por su presentación, sino también por lo más importante, su servicio durante muchos años, y en particular su liderazgo como presidenta de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional.

Hace quince años, Jessica escribía sobre tendencias que entonces nada más comenzaban a llamar la atención de la gente, como la aparición de tecnologías de la información y la creación de redes mundiales que existían fuera de los gobiernos. En ese entonces ya decía que esos cambios darían forma a acontecimientos mundiales, tanto en lo bueno como en lo malo, y que los gobiernos tendrían que adaptarse si querían mantenerse al tanto de los cambios que se producirían en el mundo. Pues bien, ciertamente tuvo razón. Y, de hecho, he trabajado para que la integración de las nuevas tecnologías y la colaboración con los grupos de la sociedad civil, el sector privado, las comunidades en diáspora y otras organizaciones no gubernamentales sean un sello distintivo de mi mandato como secretaria de Estado de modo que no sea una ocurrencia tardía, que no sea un factor añadido, sino que esté integrado en el trabajo que hacemos, porque es evidente que el trabajo que hacemos estará influido y afectado por todos estos actores no estatales.

Deseo reconocer a dos personas: Michael Posner, nuestro secretario de Estado adjunto para Democracia, Derechos Humanos y Trabajo, alguien con quien he tenido el gran privilegio y honor de trabajar tan estrechamente durante los últimos años, y Suzan Johnson Cook, embajadora itinerante de Estados Unidos para Asuntos de Libertad Religiosa Internacional, una persona con la que también he tenido no sólo el privilegio de trabajar en el Departamento de Estado, sino también en una de mis encarnaciones anteriores como senadora por Nueva York. A Chris Seiple y Bill Vendley, dos de mis principales asesores del sector de la sociedad civil en cuanto a este tema, les agradezco todos sus esfuerzos, y a todos los representantes del Congreso, de las embajadas, miembros del Grupo de trabajo sobre religión y política exterior, y otros que reconocen y que están comprometidos con la importancia de este tema y lo que representa.

Esta mañana el Departamento de Estado presentó su último Informe sobre Libertad Religiosa Internacional. Se abre con las palabras que guían nuestro trabajo y la labor de gobiernos e individuos dedicados a la libertad de culto en todo el mundo. Son las palabras del artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y escuchen esas palabras otra vez, porque gran parte de lo que voy a decir hoy tiene, por supuesto, sus raíces en nuestra Constitución, en nuestra convicción acerca de la importancia del libre ejercicio de la religión; pero es importante recordar que estas palabras fueron adoptadas por la comunidad internacional, no sólo por Estados Unidos.

Así reza la Declaración: Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

Ahora bien, estos son principios claros y directos que unen a la gente, tanto en la unidad de corazón como en desacuerdos furiosos. Para Estados Unidos, la libertad religiosa es, por supuesto, un valor constitucional muy preciado, un interés estratégico nacional y una prioridad de política exterior.

Es particularmente urgente que destaquemos la libertad religiosa, porque al tener en cuenta el panorama mundial y preguntarnos si la libertad religiosa está en expansión o en contracción, la respuesta es aleccionadora. Más de mil millones de personas viven bajo gobiernos que suprimen sistemáticamente la libertad religiosa. Las nuevas tecnologías han dado a los gobiernos represivos herramientas adicionales para tomar medidas enérgicas contra la expresión religiosa. Los miembros de las comunidades religiosas que han sido durante mucho tiempo objeto de esta supresión informan que esta va en aumento. Incluso algunos países que están realizando progresos en la expansión de la libertad política se congelan en su lugar cuando se trata de la libertad religiosa. Así que cuando se trata de este derecho humano, esta característica esencial de las sociedades estables, seguras y pacíficas, el mundo está retrocediendo.

Mientras tanto, varios países con diversas comunidades religiosas se encuentran ahora en proceso de transición a la democracia. Están lidiando con cuestiones como, por ejemplo, si se debe o no proteger la libertad religiosa de sus ciudadanos y cómo se hace. Desde Túnez hasta Birmania, pasando por muchos otros. Pero, tomemos, por ejemplo, Egipto, país que visité hace dos semanas. Tuve una muy emotiva y personal conversación con los cristianos que están profundamente preocupados por lo que el futuro depare para ellos y su país. Lo que Egipto y otros países decidan tendrá un impacto enorme en las vidas de su pueblo y tendrá gran influencia para determinar si estos países son capaces de lograr una verdadera democracia.

Así que este es un tema que trasciende las divisiones religiosas. Todos los credos tienen interés en defender y ampliar de la libertad religiosa. Personalmente, creo firmemente en esto, porque he visto de primera mano cómo la libertad religiosa es al mismo tiempo un elemento esencial de la dignidad humana y de las sociedades seguras y prósperas. Se ha documentado estadísticamente su relación con el desarrollo económico y la estabilidad democrática. Crea un clima en el que personas de distintas religiones pueden superar la desconfianza y trabajar juntos para resolver sus problemas comunes.

También he visto cómo funciona todo lo contrario. La ausencia de la libertad religiosa puede crear un clima de miedo y sospecha que debilita la cohesión social y aleja a los ciudadanos de sus gobernantes. Y eso, por supuesto, puede hacer que sea más difícil de lograr el progreso nacional. Debido a que el impacto de la libertad religiosa va más allá del ámbito de la religión y repercute en la seguridad de un país y en su progreso económico y político, más estudiantes y profesionales de la política exterior deben dedicar más tiempo y atención a ello.

Hoy, quiero abogar por la libertad religiosa y las razones por las que todas las personas y todos los gobiernos deberían apoyarla. Y quiero abordar directamente los argumentos que las personas que se interponen en el camino de la libertad religiosa aducen para tratar de justificar sus acciones.

Permítanme comenzar con lo que es la vida para muchas personas que viven sin esta libertad. En los lugares más difíciles algunas religiones están prohibidas por completo, y un creyente puede ser condenado a muerte. Estrictas leyes prohíben la blasfemia y la difamación de la religión; y cuando sus palabras se interpretan como violaciones de esas leyes, una persona puede ser condenada a muerte. La violencia hacia las minorías religiosas a menudo queda impune por las autoridades que la ignoran. Así que el mensaje es claro: Si sus creencias no tienen la aprobación del gobierno, tenga cuidado.

Ese mismo mensaje lo transmiten los gobiernos que buscan la ilusión de la libertad mediante la creación de asociaciones religiosas sancionadas oficialmente por el Estado. Dicen: “Mira, nuestro pueblo puede practicar cualquiera de estas religiones previamente autorizadas”; pero si se localiza a personas que no participan de estas asociaciones y que forman sus propias comunidades o reciben instrucciones de sus propios líderes religiosos, pueden ser encarcelados.

La libertad religiosa no es sólo algo que afecta a la religión. No es sólo sobre el derecho de los católicos a celebrar una misa, o de los musulmanes a celebrar un funeral religioso, o de los bahá'ís a reunirse en sus casas para rezar, o de los judíos a celebrar santos días supremos juntos, aunque esos rituales sean muy importantes. La libertad religiosa es también el derecho del pueblo a pensar lo que quiera, decir lo que piensa y unirse en comunión sin que el Estado les esté vigilando.

Por ese motivo, el libre ejercicio de la religión es la primera libertad consagrada en nuestra Primera enmienda, junto con las libertades de expresión y asociación. Porque donde existe la libertad religiosa, también lo hacen las otras. Es también la razón por la que la Declaración Universal de los Derechos Humanos protege la libertad de pensamiento, conciencia y religión, las tres juntas, porque todas se refieren a la misma capacidad en todos los seres humanos de obedecer nuestra conciencia, de tomar decisiones morales para nosotros mismos, nuestras familias y nuestras comunidades.

Estos derechos dan sentido y dignidad a nuestra vida, sea cual sea la religión a la que se pertenezca, o si se pertenece a ninguna religión en absoluto. Y al igual que todos los seres humanos y todos los derechos humanos, son nuestro derecho innato por el mero hecho de que somos lo que somos: seres humanos pensantes y que actúan, hombres y mujeres por igual. No se nos conceden por ningún gobierno. Más bien, es responsabilidad del gobierno protegerlos.

Ahora bien, por supuesto este no es el punto de vista que sostienen los regímenes que impiden la libertad religiosa. Estos optan por ver las cosas de manera diferente. En particular, hay dos argumentos que esgrimen para justificar sus acciones. Ambos merecen la pena ser examinados.

El primero es que sólo algunas personas se les permite practicar su fe: Los que pertenecen a la fe correcta. Estos definen la religión de tal manera que si no se cree lo que ellos quieren que se crea, entonces lo que se está haciendo no es practicar la religión, porque sólo hay una definición de religión. Ellos, y sólo ellos y los líderes religiosos con los que trabajan, están en posesión de la verdad final. Todos los demás, incluyendo a las personas de la misma fe que difieren en algunas interpretaciones de la ley o tradición religiosas están equivocados, son heréticas, infieles, y no merecen la protección de la ley. Puede que ni siquiera merezcan vivir.

Debido a que este es un tema que enciende las pasiones, puede resultar difícil hablar sobre ello de manera constructiva. No se puede debatir con alguien que cree que cualquier persona que no esté de acuerdo con él, por definición, no está de acuerdo con Dios. Así que permítanme decir simplemente esto:

La gente puede creer que ellos y sólo los que son como ellos poseen la verdad única. Ese es su derecho. Pero no tienen derecho a dañar a aquellos sobre los que piensan que tienen puntos de vista incorrectos. Sin embargo, sus sociedades pagan un costo cuando optan por mirar a los demás con odio o disgusto. Los derechos humanos se hacen realidad no sólo en las interacciones entre los ciudadanos y sus gobiernos, sino también en los millones de momentos ordinarios entre vecinos y compañeros de clase, compañeros de trabajo, e incluso extraños en la calle. Cada vez que la gente elige la tolerancia y el respeto y no el miedo y el rencor, fortalecen los derechos humanos para sí mismos, así como para todos los demás, porque afirman su humanidad compartida. Así es como la libertad religiosa inscrita en la ley se convierte en la armonía religiosa que florece en una sociedad.

Ahora bien, los líderes religiosos tienen un papel crítico que desempeñar en este proceso; y necesitamos que animen a sus seguidores a adoptar los principios de la paz y el respeto, que no sólo son los principios de casi todas las religiones, sino que también yacen en la esencia de la libertad religiosa. Y luego, lo que es más importante, necesitamos líderes que afirmen que el respeto a la libertad religiosa de los demás está en consonancia, y no en oposición, con los derechos propios. Cuando la gente de todas las religiones puede practicar libremente se crea un entorno en el que la libertad de todos está más asegurada.

Los líderes y los gobiernos, por su parte, tienen sus propias responsabilidades. La gente puede pensar lo que quiera, pero los gobiernos tienen que actuar en favor de la protección de los derechos de todos. El mundo puede y debe exigir a los gobiernos a un nivel diferente de los individuos. Ya sean laicos o religiosos, musulmanes o cristianos, hindúes o ateos oficialmente o cualquier otra cosa, los gobiernos tienen la solemne obligación de proteger los derechos humanos de todos los ciudadanos, independientemente de la religión que profesen o si no practican.

Ahora bien, algunos dirigentes tratan de justificar el trato distinto que se le da a algunos ciudadanos diciendo: “pero eso es lo que quiere la gente”. Dicen que, a título personal, creen en la libertad religiosa, pero si la mayoría de los ciudadanos quiere ver a un grupo encerrado o expulsado de las escuelas o despedidos de sus puestos de trabajo, pues bien, ¿no significa la democracia seguir la voluntad del pueblo?

Pues la respuesta a esa pregunta es que existe una gran diferencia entre la democracia y la tiranía de la mayoría. La libertad que ofrece la democracia no incluye la libertad de ser violento contra la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Es por eso que los derechos universales están a menudo incluidos en las constituciones. Estos proporcionan defensas contra leyes que privan a los miembros de grupos minoritarios de sus derechos. Cuando la opinión popular apoya la restricción de los derechos de una minoría, los líderes deben recordar que ellos deben a sus pueblos tanto su lealtad como su juicio. Los líderes deben dirigir, y recordar a los ciudadanos que cuando los derechos se aplican sólo a algunos y no a otros, es decir, cuando los principios se someten al poder, se siembran las semillas de las quejas legítimas y la inestabilidad. Las democracias auténticas utilizan principios para guiar el poder y para proteger los derechos de los ciudadanos por igual.

El segundo argumento que aducen algunos líderes para oponerse a la libertad religiosa es que es que la libertad es un lujo que no se pueden permitir, al menos no todavía. A la eliminación de las leyes que restringen la práctica religiosa y de expresión ellos argumentan que el resultado sería la inestabilidad: un aumento del sentimiento antigubernamental, la degradación de los vínculos sociales, más actos de vandalismo, acoso y violencia. Ahora bien, esto, por cierto, es el mismo argumento que los líderes invocan para justificar la represión de la expresión política, la libertad de prensa o los grupos de la sociedad civil, o cualquier otra actividad que cuestione el statu quo y refleje las aspiraciones democráticas de sus ciudadanos.

Pero, en realidad, la extensa práctica, y aun los estudios académicos demuestran que la falta de libertad religiosa es lo que se correlaciona con el conflicto religioso y el extremismo violento. Hay pruebas también de que el conflicto es más probable cuando los estados tienen religiones oficiales y persiguen a las minorías religiosas.

Eso tiene sentido si se piensa en ello. Cuando a las personas se las trata igual ante la ley, las hostilidades entre los vecinos disminuyen y la unidad social tiene la oportunidad de crecer. Así también la confianza en el proceso democrático, porque la gente confía en que sus derechos serán protegidos sea quien sea que esté en el poder.

En otras palabras, la libertad religiosa es una de esas válvulas de seguridad. Permite a las personas opinar sobre los aspectos más importantes de su vida, participar plenamente en sus sociedades y encauzar sus frustraciones hacia escapes constructivos. Cuando los gobiernos toman medidas drásticas contra la libertad religiosa, cierran esas válvulas de seguridad. El resultado puede ser la humillación, el descontento, la desesperación que no tiene a dónde ir - una receta para el conflicto y el extremismo.

Ahora bien, algunos gobiernos empiezan a darse cuenta de esto. Por ejemplo, en Libia, desde el derrocamiento de Gadafi, el nuevo gobierno ha optado por no aplicar algunas de sus leyes que restringían la actividad religiosa y han incluido la práctica libre de la religión en su constitución provisional y han proscrito la discriminación por motivos de religión o secta. Y a principios de este año, el Tribunal Supremo de Libia revocó una ley que tipificaba como delito los insultos contra el Islam, porque han llegado a la conclusión de que la mejor manera de lidiar con el discurso ofensivo no es prohibiéndolo, sino contrarrestarlo con más discurso que revele la vacuidad de los insultos y mentiras.

Egipto, por su parte, enfrenta ahora estos desafíos, a medida que navega en su transición democrática sin precedentes. En mi visita reciente, me reuní con miembros del nuevo gobierno, entre ellos el presidente Morsi, y con representantes de las comunidades cristianas de Egipto. La libertad religiosa estaba muy presente a puertas cerradas y en las calles. El presidente Morsi ha dicho claramente en repetidas ocasiones, tanto en público como en privado, que se propone ser presidente de todos los egipcios. Ha prometido nombrar un gobierno inclusivo y poner a mujeres y cristianos en puestos de alto liderazgo. El pueblo egipcio y la comunidad internacional esperan que cumpla esas promesas.

Pero yo he oído de cristianos que quieren saber que a ellos se les otorgarán los mismos derechos y el mismo respeto que todos los egipcios en un nuevo gobierno dirigido por un partido islamista. Se preguntan, como es lógico, si un gobierno que busca de forma explícita mayor confianza en los principios islámicos defenderá por igual a los musulmanes y a los no musulmanes. Puesto que ésta es la primera vez en que Egipto ha estado en esta situación, es una pregunta válida. Los egipcios están construyendo una democracia nueva. Cómo será, cómo funcionará, cómo abordará el pluralismo religioso... en los próximos años los egipcios responderán a esas y a muchas otras preguntas.

Como les dije a los cristianos con los que me reuní, Estados Unidos no se pone del lado de ningún partido político. Lo que hacemos es apoyar firmemente los principios. Sí, apoyamos la democracia, la verdadera democracia donde todos los ciudadanos tienen derecho a vivir, trabajar y rendir culto de la forma que desees, ya sean musulmanes o cristianos o de cualquier otro antecedente; donde ningún grupo ni facción puede imponerle a nadie su autoridad o su ideología o religión; donde hay una competencia sana, y lo que denominamos pesos y contrapesos, de manera que ninguna institución o líder sean demasiado poderosos y donde se respeten y protejan los derechos de todos los ciudadanos.

El pueblo egipcio esperará que sus líderes electos protejan los derechos de todos los ciudadanos y gobiernen de manera justa e incluyente, y nosotros también lo esperamos. Y si los votantes toman decisiones diferentes en futuras elecciones, entonces ellos y nosotros esperamos que sus líderes respondan a la voluntad del pueblo y dejen el poder. Estamos dispuestos a trabajar con los líderes que el pueblo egipcio elija. Pero nuestro compromiso con esos líderes se basará en el compromiso de ellos con los derechos humanos universales y los principios democráticos universales.

Otro aspecto importante de la transición de Egipto es si los ciudadanos mismos respetan mutuamente sus diferencias. Presenciamos esa capacidad en la plaza Tahrir, cuando los cristianos formaron un círculo alrededor de los musulmanes en oración, y los musulmanes se tomaron de la mano para proteger a los cristianos que celebraban una misa. Creo que ese espíritu de unidad y compañerismo fue una parte muy conmovedora de cómo los egipcios y el resto de nosotros respondimos a lo que ocurrió esos días en esa plaza. Y si, en los próximos años, los egipcios continúan protegiendo ese valioso reconocimiento de que todo egipcio puede contribuir al futuro de su país, donde las personas de distintas religiones estén unidas en compañerismo, entonces pueden dar esperanza y recuperación a muchas comunidades de Egipto que necesitan escuchar ese mensaje.

Mirando hacia el futuro, no sólo en Egipto, no sólo en los nuevos estados libres en el norte de África y Oriente Medio que buscan la democracia, sino más allá, seguiremos abogando decididamente por la libertad religiosa. Esta es una prioridad fundamental de nuestra política exterior, que llevamos a cabo de varias maneras.

Esta mañana [el gobierno de] Estados Unidos publicó el informe anual sobre Libertad Religiosa Internacional. Esta es la cuarta vez que he tenido el honor de presentarlo. En el mismo se catalogan de manera completa las restricciones oficiales y sociales que las personas enfrentan en todo el mundo cuando tratan de practicar su religión, y se designa a los países de especial preocupación que han participado o tolerado violaciones particularmente graves de la libertad religiosa. Este informe transmite el mensaje a los peores transgresores de que el mundo está observando, pero también proporciona información para ayudarnos y ayudar a otros a enfocar nuestros esfuerzos de promoción, para asegurarnos de llegar a las personas que más necesitan nuestra ayuda.

En la administración Obama, hemos elevado la libertad religiosa como prioridad diplomática. Junto con otros gobiernos, organizaciones internacionales y la sociedad civil, hemos dedicado esfuerzos a dar forma y poner en práctica la Resolución 16/18 del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, cuyo propósito es proteger a las personas que son objeto de ataques o discriminación a causa de su fe. Planteamos estas cuestiones en los niveles más altos en el contexto internacional, y yo personalmente he hablado sobre la libertad religiosa en todas las regiones del mundo, algunas veces en repetidas ocasiones. Hemos nombrado nuestro primer enviado a la Organización de Cooperación Islámica. Hemos iniciado también un diálogo estratégico con organizaciones de la sociedad civil en el que colaboramos con líderes religiosos y sus comunidades para promover la libertad religiosa, la prevención y mitigación del conflicto, el desarrollo y el diálogo interreligioso. El diálogo incluye un grupo de trabajo de Religión y Política Exterior que ha presentado recomendaciones concretas sobre cómo podemos fortalecer nuestro enfoque con respecto a la libertad religiosa y nuestro compromiso con las comunidades religiosas.

Además de la diplomacia, hemos ampliado nuestra ayuda a las personas que son objeto de ataque debido a sus creencias religiosas y a los activistas de derechos humanos que trabajan en entornos hostiles para promover la libertad religiosa. Estos hombres y mujeres desempeñan una labor importante, a menudo peligrosa, con gran coraje, y estamos orgullosos de solidarizarnos con ellos.

Como parte de nuestro diálogo con China sobre derechos humanos, por ejemplo, hemos llevado en visitas por el país a las autoridades chinas para que vean cómo en nuestro país las organizaciones religiosas proporcionan valiosos servicios sociales. Organizamos visitas a una organización benéfica católica que ayuda a las personas con discapacidad intelectual, a una organización que combate la discriminación contra los estadounidenses árabes, y muchas más.

Llevamos también a los jóvenes el mensaje de la tolerancia e inclusión. Hace unos años, Hannah Rosenthal, nuestra Enviada especial para vigilar y combatir el antisemitismo, y Farah Pandith, nuestra Representante especial para comunidades musulmanas, asistieron juntas a una cumbre de la OSCE sobre tolerancia, y regresaron con una idea. Comenzaron a pedir a los jóvenes que se comprometieran a pasar una hora trabajando con personas que no se parecían a ellos ni rezaban como ellos. A los judíos se les animó a ofrecerse voluntarios para limpiar una mezquita, a los musulmanes a ofrecerse voluntarios para ayudar a cristianos ancianos a ir a la iglesia, y muchos otros ejemplos. La campaña, que ahora se llama 2012 Horas contra el odio, ha suscitado el compromiso de jóvenes de todo el mundo de pasar decenas de miles de horas en la posición de otra persona. Se ha convertido incluso en una de las iniciativas oficiales de los Juegos Olímpicos de Londres.

Y eso es algo que todos tenemos la responsabilidad de hacer. Hace siete años, cuando era senadora, hablé en una cena sobre la libertad religiosa, y desafié a todos los asistentes a que pensaran en ideas para fomentar personalmente la libertad religiosa, inclusive, en palabras de Eleanor Roosevelt, en “esos lugares más pequeños, cerca de casa”. Les dije que nos correspondía a cada uno de nosotros asegurarnos de que nuestro país, que siempre ha sido un ejemplo de la libertad religiosa, continuara siéndolo.

Nuestra misión es tan importante hoy como lo ha sido siempre.

Estados Unidos fue fundado, entre otros, por personas que huían de la persecución religiosa y soñaban con un lugar donde pudieran vivir de acuerdo a sus creencias; sin miedo, sin vergüenza, sin la necesidad de tener que esconderse. Y hoy, somos ese lugar. No obstante todos nuestros desafíos, no hay duda de la importancia de la religión para la gran mayoría de los estadounidenses o del hecho de que personas de todas las religiones y personas sin fe religiosa viven en Estados Unidos de manera abierta y en paz unos con otros La vida religiosa de nuestro país está viva y es dinámica. Y eso ha sido posible gracias a que, con el tiempo, nuestros ciudadanos han tenido la capacidad de tolerancia y respeto, pero también gracias a la labor de nuestro gobierno, de los tres poderes, a la hora de defender nuestra Constitución, de tener un cuidado extraordinario de no favorecer a una religión sobre otra, y de proteger de igual manera los derechos de todos.

Esto ha exigido una vigilancia y esfuerzo constantes, y todos sabemos que en el camino ha habido encontronazos, tropiezos y debates vigorosos y apasionados. Todavía buscamos y avanzamos hacia esa unión más perfecta. Por supuesto, al igual que cualquier otra entidad no divina, no somos perfectos. Sin embargo, debemos estar orgullosos y agradecidos por la sabiduría de nuestros fundadores y por la diligencia de los que vinieron después de ellos para proteger esta libertad fundamental. Es raro en este mundo. Pero no debería ser así.

Porque la gente no pide mucho. Sólo quiere adorar a su Dios y criar a sus hijos y hacer sus hogares y rendir homenaje a sus antepasados y llorar a sus seres queridos de una manera que les llegue al corazón y refleje sus creencias. ¿Qué podría ser más fundamental para la dignidad humana que eso?

Eso es lo que la libertad religiosa hace posible. Por ese motivo, Estados Unidos también defenderá el valor, el principio que la libertad religiosa representa, no sólo para nosotros sino para las personas en todas partes. No es sólo un valor que consagramos en nuestra constitución, sino que sabemos por experiencia que va derecho al corazón de la estabilidad y la seguridad de tantos países en el mundo. Y en este mundo interconectado en el que vivimos, eso significa que afecta a la seguridad y estabilidad de Estados Unidos de América. Así que gracias por comprender la importancia de este valor y principio, y espero que encontremos maneras en que todos podamos seguir promoviéndolo, protegiéndolo y propagándolo.

Muchas gracias. (Aplausos).

[…]

(termina el texto)