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Textos y transcripciones

Resumen de la Estrategia de Seguridad Nacional

01 junio 2010

“…nuestra estrategia de seguridad nacional está enfocada en renovar el liderazgo estadounidense para que podamos impulsar más eficazmente nuestros intereses en el siglo XXI. Haremos esto, basándonos en los recursos de nuestra fortaleza a nivel nacional, a la vez que damos forma a un orden internacional que pueda superar los retos de nuestro tiempo”, dice el resumen de la Estrategia de Seguridad Nacional publicada por la Casa Blanca el 27 de mayo:

Resumen de la Estrategia de Seguridad Nacional

En los albores del siglo XXI, Estados Unidos enfrenta un conjunto de desafíos a nuestra seguridad nacional amplio y complejo. Así como Estados Unidos ayudó a determinar el curso del siglo XX, ahora debemos desarrollar los recursos de la fortaleza e influencia estadounidenses y dar forma a un orden internacional capaz de superar los desafíos del siglo XXI.

El mundo tal como es, una estrategia para el mundo que buscamos

Para tener éxito, debemos encarar al mundo tal como es. Las dos décadas desde el fin de la Guerra Fría han sido marcadas por la promesa y los peligros del cambio. El círculo de democracias pacíficas se ha expandido; el espectro de la guerra nuclear se ha disipado; las principales potencias están en paz; la economía mundial ha crecido; el comercio ha entrelazado el destino de naciones; y más individuos pueden determinar su propio destino. Pero estos avances han venido acompañados de problemas persistentes. Guerras ideológicas han abierto el camino a guerras sobre religión, étnicas y de identidad tribal; los peligros nucleares han proliferado; la desigualdad e inestabilidad económica se han intensificado; el daño a nuestro medio ambiente, la seguridad alimentaria y los peligros a la salud pública son cada vez más compartidos; y las mismas herramientas que facultan a los individuos a desarrollar les permiten destruir.

El lado nefasto de este mundo globalizado se convirtió en realidad para el pueblo estadounidense el 11 de septiembre de 2001. La amenaza inmediata demostrada por los ataques más mortales nunca antes ejecutados en suelo estadounidense exigió estrategias sólidas y durables para defender a nuestra patria. En los años siguientes, hemos librado una guerra contra al-Qaida y sus seguidores, decidimos librar una guerra en Iraq y confrontado una avasalladora crisis económica. Sin embargo, de una manera más amplia, hemos luchado con la forma de impulsar los intereses de Estados Unidos en un mundo que ha cambiado – un mundo en que el modelo internacional del siglo XX se doblega bajo el yugo de nuevas amenazas, la economía mundial ha acelerado la competencia que nuestro pueblo y empresas enfrentan, y la aspiración universal de libertad y dignidad contiende con nuevos obstáculos.

Nuestro país posee los atributos que apoyaron nuestro liderazgo por décadas: alianzas sólidas, una fuerza militar sin igual, la economía más grande del mundo, una sólida democracia en evolución y una ciudadanía dinámica. Al seguir adelante, no debe existir ninguna duda: Estados Unidos continuará garantizando la seguridad mundial – mediante nuestros compromisos con aliados, socios e instituciones; nuestro enfoque en derrotar a al-Qaida y sus seguidores en Afganistán, Pakistán y en todo el mundo; y nuestra determinación de disuadir la agresión e impedir la proliferación de las armas más peligrosas del mundo. A medida que hacemos esto, debemos reconocer que ninguna nación, sin importar que tan poderosa sea, puede vencer los desafíos mundiales sola. Tal como lo hicimos después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos debe prepararse para el futuro a la vez que forje estrategias de cooperación entre naciones que puedan producir resultados.

Por consiguiente, nuestra estrategia de seguridad nacional está enfocada en renovar el liderazgo estadounidense para que podamos impulsar más eficazmente nuestros intereses en el siglo XXI. Haremos esto, basándonos en los recursos de nuestra fortaleza a nivel nacional, a la vez que damos forma a un orden internacional que pueda superar los retos de nuestro tiempo. Esta estrategia reconoce la conexión fundamental entre nuestra seguridad nacional, nuestra competitividad nacional, capacidad de recuperación y ejemplo moral. Asimismo, reitera el compromiso de Estados Unidos de impulsar nuestros intereses mediante un sistema internacional en que todas las naciones tengan ciertos derechos y responsabilidades.

Esto permitirá que Estados Unidos influencie nuestra participación en el extranjero en nombre de un mundo en el que los individuos disfruten de más libertad y oportunidad, y en el que las naciones tengan incentivos para actuar responsablemente, enfrentando las consecuencias cuando no lo hagan así.

Renovación del desarrollo liderazgo de Estados Unidos a nivel nacional y en el extranjero

Nuestro enfoque comienza con el compromiso para forjar una base más sólida para el liderazgo estadounidense, debido a que lo que ocurra dentro de nuestras fronteras determinará nuestra fortaleza e influencia más allá de las mismas. Esta realidad sólo se intensifica en un mundo con una mayor interconexión – un mundo en el que nuestra prosperidad está inextricablemente vinculada con la prosperidad mundial, en que nuestra seguridad puede ser desafiada de manera directa por acontecimientos al otro lado del océano y en que nuestras acciones son escudriñadas como nunca antes.

En el centro de nuestros esfuerzos está el compromiso de renovar nuestra economía, que sirve de fuente del poder de Estados Unidos. El pueblo estadounidense sale actualmente de la recesión más devastadora que hayamos enfrentado desde la Gran Depresión. A medida que actuemos para garantizar que nuestra recuperación sea amplia y sostenida, también sentaremos las bases del crecimiento a largo plazo de nuestra economía y la competitividad de nuestros ciudadanos. Las inversiones que hemos realizado para la recuperación son parte de una iniciativa más amplia que contribuirá a nuestra fortaleza: al proporcionar una educación de calidad para nuestros hijos; mejorar la ciencia e innovación; transformar nuestra economía energética para crear nuevos empleos e industrias; reducir el costo del cuidado de la salud para nuestro pueblo y empresas; y reducir el déficit federal.

Cada una de estas medidas sostendrá la capacidad de liderazgo de Estados Unidos en un mundo donde el poder económico y la oportunidad individual son más difusos. Estas iniciativas también están vinculadas con nuestro compromiso de garantizar una nación con mayor capacidad de recuperación. Nuestra recuperación incluye reconstruir una infraestructura que sea más segura y confiable frente a amenazas terroristas y desastres naturales. Nuestro enfoque en educación y ciencia podrá asegurar que los descubrimientos del futuro tengan lugar en Estados Unidos. Nuestro desarrollo de nuevas fuentes de energía reducirá nuestra dependencia del petróleo extranjero. Nuestro compromiso de reducir el déficit nos dará la disciplina para tomar decisiones difíciles y evitar exceder nuestro límites. Estas medidas complementarán nuestras iniciativas para integrar la defensa de la nación con la seguridad nacional; incluir una coordinación transparente entre los gobiernos locales, estatales y federal para prevenir, proteger contra y responder a amenazas y desastres naturales.

Finalmente, la labor para desarrollar una base más sólida para nuestro liderazgo dentro de nuestras fronteras reconoce que la forma más eficaz para que Estados Unidos promueva nuestros valores, es vivirlos. El compromiso de Estados Unidos con la democracia, los derechos humanos y el imperio de la ley son recursos esenciales de nuestra fortaleza e influencia en el mundo. Estos valores también se deben de cultivar en base a nuestro rechazo de acciones, como la tortura, que no están en línea con nuestros valores, con nuestro compromiso a la búsqueda de justicia que sea acorde a nuestra Constitución y por nuestra determinación constante de extender la promesa de Estados Unidos a todos nuestros ciudadanos. Estados Unidos siempre ha sido un faro para los pueblos del mundo cuando aseguramos que el resplandor del ejemplo estadounidense brille.

El desarrollo de esta base más sólida apoyará los esfuerzos de Estados Unidos de dar forma a un sistema internacional que pueda enfrentar los retos de nuestro tiempo. Después de la Segunda Guerra Mundial, fue Estados Unidos el que ayudó a tomar la iniciativa para construir un nuevo modelo internacional para mantener la paz e impulsar la prosperidad: Desde la OTAN y las Naciones Unidas, hasta los tratados que gobiernan las leyes y armas de guerra; desde el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, hasta la expansión de una red de acuerdos comerciales. Este modelo, a pesar de sus imperfecciones, evitó una guerra mundial, permitió el crecimiento económico e impulsó los derechos humanos, a la vez que facilitó una distribución eficaz de la carga entre Estados Unidos, nuestros aliados y socios.

En la actualidad, necesitamos un buen entendimiento de las fortalezas y los defectos de las instituciones internacionales que fueron creadas para enfrentar los desafíos de épocas anteriores, así como la falta de voluntad política que en ocasiones ha bloqueado la aplicación de las normas internacionales. Pero sería destructivo tanto para la seguridad nacional estadounidense como para la seguridad mundial que Estados Unidos usara el surgimiento de nuevos desafíos y los defectos del sistema internacional como un pretexto para alejarse del mismo. En vez de eso, debemos enfocar la participación estadounidense en fortalecer las instituciones internacionales y estimular la acción colectiva que puedan servir a intereses comunes tales como combatir el extremismo violento; detener la proliferación de armas nucleares y asegurar los materiales nucleares; alcanzar un crecimiento económico equilibrado y sostenible; y forjar soluciones de cooperación ante la amenaza del cambio climático, el conflicto armado y las enfermedades pandémicas.

El punto inicial de esa acción colectiva será nuestra participación con otras naciones. La piedra angular de esta participación es la relación entre Estados Unidos y nuestros amigos y aliados cercanos en Europa, Asia, las Américas y los nexos en Oriente Medio que tienen su origen en intereses y valores compartidos, y que sirven a nuestra seguridad mutua y a una seguridad y prosperidad más amplias en el mundo. Trabajamos para desarrollar alianzas más estrechas y eficaces con otros importantes centros de influencia, inclusive China, India y Rusia, así como con naciones que cada vez tienen una mayor influencia como Brasil, Sudáfrica e Indonesia, de manera que podamos cooperar en asuntos de preocupación bilateral y mundial, con el reconocimiento de que el poder, en un mundo interconectado, no es más una situación en la uno gana y otro pierde. Estamos expandiendo nuestro alcance a naciones en surgimiento, en particular hacia aquellas que pueden ser modelos de éxito y estabilidad regionales, desde las Américas y África hasta el sureste asiático. Asimismo, buscaremos participar con naciones hostiles para confirmar sus intenciones, dar a sus gobiernos la oportunidad de cambiar su curso, llegar a su gente y movilizar coaliciones internacionales.

Esta participación apuntalará nuestro compromiso hacia un orden internacional basado en derechos y responsabilidades. Las instituciones internacionales deben representar de una manera más eficaz al mundo del siglo XXI, con una voz más amplia –y mayores responsabilidades– para las potencias en surgimiento, y deben ser modernizadas para generar resultados con más eficacia en asuntos de interés mundial. Se deben incentivar medidas nacionales constructivas sobre asuntos que van desde la seguridad nuclear hasta el cambio climático, de manera que las naciones que elijan hacer su parte obtengan los beneficios de su acción responsable. Se deben seguir las normas, y debe haber consecuencias para aquellas naciones que las violen, ya se trate de obligaciones de no proliferación, acuerdos comerciales o compromisos con los derechos humanos.

Esta modernización de instituciones, fortalecimiento de normas internacionales y aplicación de la ley internacional no es una tarea de Estados Unidos únicamente – sino de un conjunto con naciones que tengan una mentalidad semejante, es una tarea que podemos liderar. Un importante recurso del liderazgo estadounidense en el curso de nuestra historia ha sido un interés propio con mente abierta. Buscamos un futuro mejor para nuestros hijos y nietos, por lo que consideramos que tendrán una mejor vida si los hijos y nietos de otros pueblos pueden vivir en libertad y prosperidad. La convicción de que nuestros propios intereses están vinculados con los intereses de quienes se encuentran más allá de nuestras fronteras continuará guiando nuestra participación con las naciones y pueblos.

Impulsar las principales prioridades de seguridad nacional

Si bien nuestra estrategia de seguridad nacional se centra en la renovación de nuestro liderazgo a largo plazo, también se enfoca en facilitar las medidas inmediatas relativas a las máximas prioridades. Esta administración no tiene responsabilidad mayor que la protección y seguridad del pueblo estadounidense y no existe mayor amenaza a nuestro pueblo que las armas de destrucción masiva, en particular el peligro que plantea el deseo de los extremistas violentos de obtener armas nucleares y su proliferación a países adicionales.

Por eso realizamos un programa integral de no proliferación y seguridad nuclear que se basa en los derechos y responsabilidades de los países. Reducimos nuestro arsenal nuclear y nuestra dependencia de las armas nucleares y a la vez garantizamos la fiabilidad y eficacia de nuestra disuasión. Fortalecemos el Tratado de no proliferación nuclear (TNP) como fundamento de la no proliferación, a la vez, mediante el TNP, tratamos de exigir que países como Irán y Corea del Norte rindan cuentas de su incumplimiento de las obligaciones internacionales. Dirigimos el esfuerzo mundial para impedir que los terroristas tengan acceso a materiales nucleares vulnerables. Además, emprendemos nuevas estrategias de protección contra ataques biológicos y ataques a las redes cibernéticas de las que dependemos.

A la vez que protegemos las armas más peligrosas del mundo, también libramos una guerra contra una extensa red de odio y violencia..Vamos a desbaratar, desmantelar y derrotar a al-Qaida y sus afiliados mediante una estrategia internacional que les prive de refugios seguros, fortalezca a nuestros socios que se encuentran en primera línea, proteja nuestra patria, persiga la justicia a través de enfoques jurídicos duraderos, y contrarreste, con esperanza y oportunidades, una estrategia de extremismo y asesinato. El frente de esta lucha está en Afganistán y Pakistán, donde ejercemos presión constante sobre al-Qaida, rompiendo el impulso de los talibanes y fortaleciendo la seguridad y capacidad de nuestros socios. En este esfuerzo, nuestras tropas demuestran nuevamente su extraordinario servicio, con enormes sacrificios en momentos de peligro. Tienen todo nuestro apoyo.

En Iraq, avanza la transición hacia la plena soberanía y responsabilidad de los iraquíes, proceso que incluye la retirada de nuestras tropas, el fortalecimiento de nuestra capacidad civil y una alianza a largo plazo con el Gobierno y pueblo iraquíes. Vamos a ser firmes en nuestra búsqueda de una paz integral entre Israel y sus vecinos, lo que incluye una solución de dos Estados que garantice la seguridad de Israel sin dejar de concretar las aspiraciones legítimas del pueblo palestino de tener un Estado viable propio. Y nuestro compromiso más amplio con comunidades musulmanas de todo el mundo estimulará el progreso en aspectos de política y seguridad esenciales y avanzará al mismo tiempo la colaboración en una amplia gama de cuestiones, sobre la base de intereses mutuos y respeto mutuo.

A medida que reconstruimos el poder económico sobre el que se apoya nuestro liderazgo, nos esforzamos por afianzar el crecimiento equilibrado y sostenible sobre el que dependen la prosperidad y la estabilidad mundiales. Esto incluye medidas en nuestro propio país y en el extranjero para evitar otra crisis. Tenemos un nuevo enfoque en el G-20 como el foro principal para la cooperación económica internacional, y trabajamos para reequilibrar la demanda mundial para que Estados Unidos ahorre más y exporte más, a la vez que las economías en surgimiento generan más demanda. Procuraremos alcanzar acuerdos comerciales bilaterales y multilaterales que promuevan nuestra prosperidad compartida y aceleren al mismo tiempo las inversiones de desarrollo que pueden reducir la desigualdad, ampliar los mercados y apoyar oportunidades individuales y la capacidad del Estado en el extranjero.

Estos esfuerzos para fomentar la seguridad y la prosperidad se realzan con nuestro apoyo a determinados valores que son universales. Los países que respetan los derechos humanos y los valores democráticos tienen más éxito y son socios más fuertes, y las personas que gozan de estos derechos son más capaces de desarrollar plenamente sus facultades. Estados Unidos rechaza la falsa elección entre la búsqueda de nuestros intereses y una incesante campaña para imponer nuestros valores. En lugar de ello, consideramos que es fundamental para nuestros propios intereses apoyar una paz justa en todo el mundo, en que se conceda a las personas, y no sólo a los países, los derechos fundamentales que se merecen.

Acorde con el enfoque que ponemos en los elementos que conforman la base de nuestra fuerza e influencia, promovemos valores universales en el extranjero al vivirlos en nuestro país, y no trataremos de imponer esos valores por la fuerza. En lugar de ello, trabajamos para fortalecer las normas internacionales en nombre de los derechos humanos y acogemos favorablemente todos los movimientos democráticos pacíficos. Apoyamos el desarrollo de instituciones en las democracias frágiles, integramos los derechos humanos en nuestro diálogo con gobiernos represivos y apoyamos la propagación de tecnologías que facilitan el libre acceso a la información. Consideramos asimismo que las oportunidades económicas son un derecho humano y promovemos la dignidad de todos los hombres y mujeres a través de nuestro apoyo a la salud mundial, la seguridad alimentaria, y las respuestas a las crisis humanitarias.

Por último, nuestros esfuerzos para conformar un orden internacional que promueva una paz justa han de facilitar actuaciones de cooperación que aborden los problemas de nuestros tiempos. Este orden internacional apoyará nuestros intereses, pero también es un fin que deseamos en sí mismo. Los nuevos desafíos ofrecen la posibilidad de oportunidades, pero sólo si la comunidad internacional rompe con los viejos hábitos de sospecha y se dedica en cambio a los intereses comunes. El esfuerzo internacional dirigido a combatir el cambio climático debe aprovechar las medidas nacionales para reducir las emisiones y el compromiso de mitigar su impacto. Los esfuerzos dirigidos a prevenir los conflictos y a mantener la paz después de que se producen puede detener la propagación de la inseguridad. La cooperación mundial para evitar la propagación de enfermedades pandémicas puede promover la salud pública.

Aplicar esta agenda no será fácil. Para tener éxito debemos encontrar un equilibrio e integrar el poder estadounidense y actualizar también nuestras capacidades de seguridad nacional para el siglo XXI. Debemos mantener la superioridad convencional de nuestras fuerzas armadas y al mismo tiempo mejorar su capacidad para derrotar las amenazas asimétricas. Para apoyar la amplitud de nuestras prioridades, nuestra diplomacia y capacidades de desarrollo deben modernizarse y se ha de fortalecer nuestra capacidad expedicionaria civil. Nuestras actividades de inteligencia y seguridad nacional han de integrarse con nuestras políticas de seguridad nacional, y con las de nuestros aliados y socios. También debemos mejorar nuestra capacidad para sincronizar nuestras acciones y al mismo tiempo comunicarnos eficazmente con públicos extranjeros, a fin de mantener el apoyo mundial.

Sin embargo, la mayor ventaja con la que cuenta Estados Unidos sigue siendo nuestro pueblo. En una época que se verá conformada por la capacidad de aprovechar las oportunidades de un mundo que se ha vuelto más interconectado, es el pueblo estadounidense el que marcará la diferencia: las tropas y los civiles que sirven en nuestro gobierno; las empresas, fundaciones e instituciones educativas que operan en todo el mundo, y los ciudadanos que poseen el dinamismo, vigor y diversidad para prosperar en un mundo que se ha vuelto más pequeño. Porque a pesar de todos sus peligros, la globalización es, en parte, consecuencia del liderazgo estadounidense y el ingenio del pueblo estadounidense. Estamos en buena situación para aprovechar la promesa que encierra.

Nuestra historia no está exenta de imperfecciones. Sin embargo, en cada coyuntura en que la historia nos ha llamado a estar a la altura de las circunstancias hemos avanzado nuestra propia seguridad y contribuido a la vez a la causa del progreso humano. Para seguir haciéndolo, nuestra estrategia de seguridad nacional debe incluir las aportaciones de nuestro pueblo y ser realzada por las aportaciones del Congreso y fortalecida por la unidad del pueblo estadounidense. Si recurrimos de nuevo a ese espíritu, podemos crear un mundo con mayor paz, prosperidad y dignidad humana.

(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://iipdigital.usembassy.gov/esp )