Por Andrzej Zwaniecki
En una variación de las aventuras de Gulliver en la isla de Liliput,concebida por un artista indonesio, la gente pequeña se une para dominar al monstruo de la corrupción. Al igual que los ciudadanos de Liliput en este dibujo, la unión de los activistas y grupos de la sociedad civil es con frecuencia la mejor estrategia para combatir la corrupción.
Ciudadanos de Liliput
Durante la década pasada los gobiernos han negociado convenciones regionales e internacionales contra la corrupción y han creado organismos anti-corrupción.
Pero sin la participación activa de la sociedad civil, en muchos países son improbables el cumplimiento riguroso de estos pactos y las reformas necesarias, dijo Huguette Labelle, presidenta de Transparencia Internacional (TI), en una conferencia anti-corrupción en Bangkok. Y es más probable que estas reformas surjan como resultado de los esfuerzos conjuntos de organizaciones no gubernamentales (ONG), académicos, empresas y otros interesados más que de la acción individual de organizaciones o activistas solitarios. Al unir fuerzas los interesados ganan fuerza adicional, particularmente si están promoviendo una reforma controversial en un ambiente político difícil, según Nathaniel Heller, director ejecutivo de Global Integrity (GI), una organización internacional de vigilancia contra la corrupción.
Las asociaciones de la sociedad civil van desde unos pocos grupos que unen fuerzas para lograr una meta local hasta coaliciones internacionales que involucran a centenares de organizaciones que buscan una solución más amplia. La colaboración entre socios puede ser en forma de consultas informales sobre tácticas, peticiones conjuntas y cartas; acuerdos formales; cargos en los cuerpos directivos de los otros organismos, o campañas de recolección de fondos y presupuestos.
Las coaliciones de ONG están en mejores condiciones para proteger a sus líderes y activistas solitarios asociados, quienes algunas veces son amenazados con represalias por funcionarios corruptos, empresarios o criminales. Los líderes de la sociedad civil dicen que la colaboración entre los grupos de activistas es necesaria también para evitar la duplicación de esfuerzos.
Para tener éxito, “las ONG funcionan en base a la `ventaja cooperativa´”, dijo Casey Kelso, director de promoción de TI.
Un ejemplo de cómo se usa esta ventaja es el de una coalición de siete ONG formada en Polonia en 2010 para vigilar si los partidos políticos cumplen sus promesas de campaña contra la corrupción. Los resultados de la vigilancia de las ONG se publican al final del término del parlamento.
Grazyna Czubek de la Fundación Stefan Batory, una de los participantes en la coalición, dijo que la asociación ha logrado dos objetivos.
“Los políticos comenzaron a incluir en sus programas electorales medidas contra la corrupción, y ahora sus promesas contra la corrupción son más realistas y concretas”, dijo.
Donde se juntan las ong, el gobierno y las empresas
En algunos casos, sin embargo, las coaliciones de ciudadanos podrían no ser suficientemente poderosas para superar la resistencia de los intereses creados. Por esa razón muchas ONG contra la corrupción ven a los organismos del gobierno y a las corporaciones como socios críticos para la eficacia de sus esfuerzos, dijo Kelso.
La cooperación les interesa no sólo a la sociedad civil sino también a sus socios potenciales – organismos anti-corrupción, oficinas de defensores del público, comisiones parlamentarias de supervisión e instituciones multilaterales – así como a la comunidad empresarial, agregó Kelso. Por ejemplo, en 2009, el hostigamiento de la comisión anti-corrupción indonesia por algunos funcionarios y empresarios poderosos sólo de alivió cuando las manifestaciones callejeras en varias ciudades y una campaña pública en Facebook acudieron en defensa de la comisión.
Heller dijo que las ONG, al trabajar estrechamente con los reformistas dentro del gobierno, pueden lograr realmente “resultados poderosos”. Sin embargo, agregó, los intentos de trabajar con el sector privado han dado resultados mixtos.
Heller dijo que muchas compañías grandes no están dispuestas a asumir posiciones públicas sobre asuntos controversiales y prefieren adherir a cuestiones “más blandas” – como la protección del medio ambiente, por ejemplo – que pueden contribuir a su reputación de liderazgo corporativo.
Sin embargo Kelso cree que las empresas pueden ser socios de confianza. Citó como ejemplo un pacto innovador entre una compañía de agua privada y una comunidad costera en Kenya negociado por TI Kenya, que dio por resultado un precio más bajo para el agua potable al eliminar la corrupción.
Andrzej Zwaniecki es escritor de plantilla de la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado.

