DCSIMG
Skip Global Navigation to Main Content
Publicaciones

Las elecciones para el Congreso

04 enero 2012
Terri Sewell (dcha.), celebra su elección. (AP Images)

Terri Sewell (dcha.), celebra su elección en noviembre de 2010 en la que obtuvo un escaño en la Cámara de Representantes por el estado de Alabama.

Las elecciones para el Congreso de Estados Unidos pueden ser tan competitivas e importantes como las del presidente. Esto se explica por el papel medular que ese órgano desempeña en la elaboración de leyes.

A diferencia de los sistemas parlamentarios, donde el jefe del ejecutivo proviene del parlamento, en el sistema estadounidense mantiene a la legislatura al margen de la presidencia, como ya se ha dicho. Los presidentes y los legisladores son elegidos por separado. Si bien un presidente en funciones puede proponer leyes al Congreso, éstas deben ser redactadas por sus aliados dentro de esa institución y luego tienen que ser aprobadas por el Congreso antes de ser devueltas al presidente para que las firme. La Cámara y el Senado son legal y políticamente independientes de la voluntad del presidente.

Dentro del Congreso, la disciplina partidista es menos estricta en el sistema estadounidense que en los sistemas parlamentarios. Es muy fácil que los miembros del Congreso voten las políticas como les plazca e incluso que lo hagan del modo que más les convenga para promover su propia reelección. A causa de esto, los líderes del Congreso tienen que formar una coalición ganadora, reclutando uno por uno a los congresistas, porque no pueden contar con el apoyo automático que les brindaría un partido altamente disciplinado. A causa de esto, una victoria legislativa en el Congreso nunca es fácil de obtener. Así, las elecciones al Congreso son importantes para el país porque esa institución es poderosa y difícil de predecir, y lo mismo se aplica a cada uno de sus miembros.

Las diferencias entre la Cámara y el Senado

La Cámara y el Senado tienen prácticamente el mismo poder, pero sus medios de elección son muy distintos. Los fundadores de Estados Unidos desearon que los miembros de la Cámara de Representantes estuvieran cerca del público para expresar los deseos y las ambiciones de éste. Por ello los fundadores planearon una Cámara relativamente numerosa que incluyera a muchos miembros de distritos legislativos pequeños, y elecciones frecuentes (cada dos años). Al principio, algunos pensaron que un período de dos años era demasiado largo. En la época en que el medio de transporte era el caballo, un período de dos años en Washington podía mantener a un congresista alejado de sus electores durante dos años. Hoy, la preocupación es que las elecciones cada dos años obliguen a los congresistas a regresar a sus distritos en avión todos los fines de semana para reforzar su base de apoyo político.

Cada escaño de la Cámara representa un electorado geográfico único y, como se dijo antes, cada miembro es elegido como único representante de ese distrito según la regla de pluralidad. Cada uno de los 50 estados tiene asegurado por lo menos un asiento en la Cámara y los demás escaños son asignados a los estados según su población. Alaska, por ejemplo, tiene muy poca población y por lo tanto sólo tiene un asiento en la Cámara. California es el estado más poblado y cuenta con 53 escaños. Después de cada censo decenal, el número de escaños que se asignan a un estado se vuelve a calcular para tomar en cuenta los cambios registrados en su población durante los diez años anteriores, y las legislaturas estatales modifican los límites de los distritos del Congreso dentro del estado para reflejar los cambios registrados en el número de asientos asignados a ese estado o los cambios demográficos en el mismo.

El Senado fue diseñado de modo que sus miembros representen a un electorado numeroso (el de todo el estado) y para que cada estado tenga la misma representación en ese órgano, sin importar cuál sea su población. Así, los estados pequeños tienen tanta influencia en el Senado como los estados grandes (dos senadores).

Al principio, los senadores eran seleccionados por las legislaturas estatales. No fue sino hasta la promulgación de la decimoséptima enmienda a la Constitución en 1913 que los senadores empezaron a ser elegidos directamente por los votantes de sus estados. Cada estado tiene dos senadores elegidos para servir en períodos escalonados de seis años, y un tercio de los asientos del Senado son objeto de reelección cada dos años. Cada senador es escogido por pluralidad de votos del electorado de su estado.

La lealtad al partido o a la persona

En el pasado, las elecciones al Congreso tendían a estar “centradas en el partido”, porque muchos votantes profesaban una lealtad duradera a uno u otro partido político y tendían a votar con un criterio partidista para integrar el Congreso. La personalidad y el desempeño individual de los funcionarios eran sólo un factor marginal que se sumaba o restaba al apoyo del votante. En los últimos decenios, los puntos de vista y la personalidad de los candidatos han llegado a ser un factor más importante para la política electoral y en cierto modo le han restado importancia a la lealtad al partido.

De hecho, desde la década de 1960, las elecciones nacionales se han enfocado cada vez más en los candidatos. El auge de los medios informativos e Internet, el poder de las campañas agresivas para la recaudación de fondos, las constantes encuestas de opinión y otros aspectos de las campañas modernas han hecho que el votante preste más atención a los candidatos como individuos. En consecuencia, para decidir a quién va a apoyar, el votante tiende a ponderar las fortalezas y debilidades de cada candidato, junto con su propia lealtad al partido. La instauración de la educación pública en forma generalizada a principios del siglo XX, y de la educación superior después de la Segunda Guerra Mundial, ha hecho también que el votante confíe más en su propio criterio y dependa menos de las sugerencias de los partidos al elegir entre las opciones electorales.

En este contexto de elecciones centradas en los candidatos, los miembros del Congreso en funciones resultan muy favorecidos y, en efecto, los índices de reelección son de mucho más de 90 por ciento. Esto se debe, en parte, a la cobertura que ofrecen los medios informativos sobre el Congreso, a menudo anodina, y en particular a la cobertura de sus miembros en los medios de comunicación locales de sus respectivos estados o distritos del Congreso. Con esta exposición generalmente favorable en los medios y su participación diaria en cuestiones de política pública y con individuos y grupos que intentan influir en su política, los políticos que ocupan el cargo suelen recaudar mayores sumas de dinero para sus campañas. Por éstas y otras razones, los contendientes que pretenden la reelección tienen buenas probabilidades de ganar, no importa a qué partido pertenezcan.

(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://iipdigital.usembassy.gov/iipdigital-es/index.html )

Los oponentes Cory Gardener (izda.) y Betsy Markey.(AP Images)

Los oponentes Cory Gardener (izda.) y Betsy Markey participan en un debate en octubre de 2010 por un escaño del estado de Colorado en la Cámara de Representantes.