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Publicaciones

Reforzar el trato ético y humano en el mantenimiento del orden público

13 abril 2011
Policía escucha con atención a una pequeña niña (AP Images)

Un policia comunitario de Bensalem, Pennsylvania, conversa con una niña de ocho años.

Por Eugene O’Donnell

Eugene O’Donnell, profesor de estudios policiales en la Facultad John Jay de Justicia Penal, y ex agente de policía y fiscal en la ciudad de Nueva York, fue uno de los docente de su facultad que impartió clases sobre Dignidad Humana en la Academia Internacional de Policía, en Budapest, Hungría y de Gaborone, Botswana.

Los departamentos de policía de todo el mundo no afrontan otro desafío mayor que no sea la promoción del trato humano y la conducta ética en el mantenimiento del orden público, y del bien común como principio rector en todas sus acciones, en tanto que protegen de forma irreprochable la dignidad de hasta la persona más despreciable. Sin embargo, con demasiada frecuencia los departamentos de policía ignoran el aspecto humano, que es medular a su labor policial y, desde hace un tiempo, prefieren hacer lo más fácil, que es dar atención a la tecnología y medir de lo que hacen, y no cómo lo hacen.

Muchos departamentos policiales tratan de imponer códigos de ética y de velar eficazmente por la seguridad pública imponiendo normas de política, castigos y hasta la expulsión. La desventaja de este acercamiento es que la mayoría de las acciones policiales nunca son objeto de revisión ya que, por motivos prácticos, es imposible someterlas a examen. Aunque es importante la presencia de observadores independientes, no afiliados al departamento y la supervisión de la cadena de mando, la verdadera transformación ética y orientada al público sólo ocurre cuando es adoptada por los profesionales de la policía que trabajan en primera línea.

El trato que los oficiales de policía confieren a otros es reflejo del trato que ellos mismos reciben. De modo que, cualquier deliberación relevante sobre el respeto de los derechos humanos y el comportamiento ético, con una discusión franca y el trato justo de los empleados, tiene que comenzar en el cuartel de policía.

LA CULTURA POLICIAL

Vistos como un grupo, los agentes de mantenimiento del orden público son parte de una cultura que hace hincapié en la acción y no en la introspección: los oficiales son recelosos del autoexamen, lo consideran como algo tonto y de poca utilidad para su labor en el terreno. En el adiestramiento policial impartido, tanto dentro como fuera del país, me ha sorprendido ver la cantidad de oficiales de muchos países y culturas que se muestran dispuestos a hablar sobre la dignidad humana de una forma sincera, y a veces entre lágrimas, sobre todo si el propio agente de policía admite su pugna por ser igualmente tratado con respeto.

El cambio en las actitudes de la policía puede plantear desafíos especialmente difíciles debido a que sus departamentos se rigen por un modelo militar, que exige a los agentes la obediencia a la autoridad, la renuncia a su individualidad y la disposición a ejercer el poder coercitivo sobre otros.

Muchos departamentos de policía guardan pocas esperanzas de lograr el comportamiento ético de sus oficiales. Cuando los departamentos policiales abordan cuestiones de derechos humanos, a menudo lo hacen mediante conferencias en el plano teorético o la recitación de ideales trillados, con muy poco énfasis en el diálogo y en los problemas que afrontan los policías en la vida real en su trato tolerante y respetuoso del público.

Gran parte de la tarea del policía es prestar asistencia y muchos departamentos se han rebautizado como departamentos de “servicios” policiales, en lugar de “fuerzas” policiales. En todas partes del mundo, los oficiales de policía traen a su trabajo el deseo de ayudar a otros, y la buena disposición para hacer sacrificios personales, aún a riesgo de su propio bienestar. Esta es una cualidad admirable que puede dar paso al comportamiento ético de cada oficial y a unas normas y prácticas éticas en los departamentos de policía, sobre todo si la discusión sobre los asuntos éticos tiene lugar en el contexto de la creación de una mejor nación y de unas condiciones de vida más propicias para los oficiales, sus familias y para la posteridad.

LA POLICÍA Y LAS PERSONAS SIN DERECHOS

Claro está, las normas de ética y el respeto por los derechos humanos tienen una trayectoria y los determinantes de tiempo y lugar, pero lo cierto es que en muchas partes del mundo el trato discriminatorio de algunos grupos marginados no es censurable. La desvirtuación de la humanidad de otras personas puede plantear un desafío diario para los oficiales que trabajan en comunidades marginadas. Lo irónico es que los investigadores consideran que la falta de autoestima y el sentido de impotencia de parte de la policía puede ser un factor agravante, que contribuye a justificar la violencia, el maltrato y la corrupción. Es posible que el principal detonante de la violencia y del maltrato por parte de la policía en todo el mundo sean agentes del orden con una pobre valoración de sí mismos y que interactúan con miembros de grupos minoritarios, discapacitados, personas ebrias y con otras personas privadas de derechos que se piensa no son suficientemente “respetuosas” hacia la policía.

La orientación de un departamento de policía en torno al principio de la dignidad humana no debe ser el sustituto de otros métodos tradicionales o innovadores para erradicar la corrupción o los comportamientos poco humanos. Los departamentos de policía deben ser responsables de seleccionar, adiestrar, supervisar, disciplinar y detectar de forma activa los comportamientos impropios de sus oficiales. Debe esforzarse por convencer a los oficiales de que son depositarios de la confianza pública, que servir al público es, a la larga, servirse a sí mismo, y que traicionar esa confianza denigra a los oficiales culpables, a sus colegas y a todo lo que guardan en estima.

Las amplias normas éticas y las expectativas de sus sociedades también influyen en la policía y le imponen trabas. Es importante conocer las limitaciones de un enfoque basado en la dignidad humana para mantener el orden público, sobre todo si la brutalidad policial es ya habitual o en las culturas donde las dádivas, los sobornos y el favoritismo son la norma, o donde las ganancias de la corrupción superan por mucho los ingresos inadecuados de los oficiales de policía. En estos lugares, lo mejor que se puede esperar es que el desempeño a conciencia de las funciones policiales le ponga las riendas al peor de los excesos.

Hemos adiestrado a oficiales que me han expresado su falta de esperanza en la posibilidad de que se efectúe un cambio ético y que creen que su país no está preparado para hacerlo, o que es innatamente incapaz de lograr un progreso favorable. Ello proporciona a los oficiales una excusa conveniente para no cumplir los principios éticos: “Como es imposible una mejora visible hasta que el sistema cambie por completo, no tengo por qué preocuparme de mis obligaciones éticas”. Es por ello que se deberá convencer a los oficiales de que pueden ser un ejemplo de un desempeño correcto.

ACTUACIÓN ÉTICA DE LA POLICÍA: ALGO QUE NO ESTÁ FUERA DE ALCANCE

La frustración sobre el lento paso del cambio no tiene por qué hacer pensar que los avances positivos en el terreno ético y humano son inalcanzables. De hecho, en décadas recientes, los departamentos de policía de todo tamaño y de cada continente se han propiciado el apoyo del público mediante la disminución de incidentes de corrupción y de los comportamientos que violan los derechos universales del hombre, y la mejora de los sistemas internos y externos de rendición de cuentas. Sin embargo, los jefes de departamentos de policía de todas partes reconocen que no es posible alegar que ya no queda más trabajo por hacer, no importa cuántos avances se hayan logrado.

La policía es el pilar más visible de una sociedad digna que vive en armonía. Cuando sus acciones son previsibles, restringidas y fieles al imperio de la ley, la gente recupera su fe en el gobierno. Cuando los más desposeídos en los barrios más pobres reciben el mismo trato que el hombre rico que vive en la mejor zona de la ciudad, la sociedad civil se fortalece y la policía se ennoblece. Puede que, en ocasiones, se malogre el progreso, pero aún en los lugares más atribulados puede imperar la ley, como sucede cuando un oficial de policía es asesinado y sus compañeros llevan al imputado ante un tribunal en lugar de hacer juicio y castigo sumarios.

No hay duda de que algunos alegarán que el mantenimiento del orden público regido por la dignidad humana es una solución simplista a un conjunto de problemas únicos y de carácter complejo. Sin embargo, como la policía es la institución pública más visible que hace respetar la justicia, sus agentes son facultados como garantes del trato digno y justo del ciudadano en el desempeño de sus obligaciones, y son figuras realmente heroicas.

(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://iipdigital.usembassy.gov/iipdigital-es/index.html)

Un oficial de policía saludando (AP Images)

Los departamentos de policía funcionan con un modelo militar.