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Publicaciones

Ética policial

13 abril 2011
Oficiales de policía y dos jóvenes con folletos y formularios de empleo (AP Images)

Los cambios demográficos han hecho que la policía de Nueva York sea la más internacionalmente diversa en Estados Unidos.

Por James Q. Wilson

James Q. Wilson es Profesor Distinguido de la Facultad de Ciencias Políticas en Boston College. Es también autor de Thinking About Crime (Pensar sobre el delito) (Vintage Books, 1985), Varieties of Police Behavior (Variedad de conductas policiales) (Harvard University Press, 1978) y Crime and Human Nature (Delito y naturaleza humana) (Simon and Schuster, 1985).

Cada nación que he conocido tiene por delante la gran tarea de hacer respetar un código de ética en el desempeño de sus agentes de policía. Es una tarea más ardua en esta profesión que en otras debido a que la policía opera en condiciones poco usuales. Los cargos superiores de la administración policial no hacen una supervisión directa del trato entre los agentes de patrulla y los detectives con el público, y sólo se puede esperar que el comportamiento de los agentes sea ético. Cuando se ha cometido un delito atroz, el público puede exigir que la policía tome represalias “sin importar lo que tenga que hacer” para resolverlo, y ejerce presión para que se use fuerza excesiva. En algunas ciudades, los funcionarios corruptos de gobierno presionan a la policía para que protejan sus actividades delictivas o cobren dinero por ellos.

El oficial de policía depende de sus colegas para intercambiar información que facilita su trabajo y, en muchos casos, para evitar ser herido o asesinado por un sospechoso. Para mantener las buenas relaciones entre sí, es probable que los agentes del orden observen un Código de Silencio o Cortina Azul. Estas son las palabras que se utilizan en Estados Unidos para referirse al acuerdo implícito y vigente que impide que se denuncien las faltas éticas de compañeros policías a sus superiores en la cadena de mando. La investigación del comportamiento inadecuado de los agentes se dificulta si cada oficial adopta el Código de Silencio.

Otro problema es que los principios éticos no son conceptos claros. No está bien aceptar sobornos de narcotraficantes o de terroristas, pero ¿está mal aceptar una comida gratis de un restaurante al que le interesa que el policía sea un anfitrión frecuente? Son cuestiones que se deberán sopesar detenidamente.

Todos los departamentos policiales de gran tamaño cuentan con una Oficina de Asuntos Internos que recibe y toma medidas cuando se presentan querellas sobre el comportamiento de los agentes. (Ver: Combatir la corrupción policial, una entrevista con Charles Campisi). En algunas ciudades, una junta de revisión de conflictos, conformada por civiles y personas no afiladas a la policía, asume la responsabilidad de hacer valer el código de ética. Es un tema controvertido para los agentes de policía.

No importa qué mecanismo opere, no por ello dejarán de ocurrir incidentes de mala conducta de la policía. A pesar de los buenos antecedentes del Departamento de Policía de Los Angeles (LAPD), el cuartel localizado en la zona Ramparts sufrió una crisis mayor cuando una unidad contra disturbios callejeros disparó contra un ciudadano desarmado y luego colocó un arma en el cuerpo para que el oficial que causó su muerte pudiera alegar defensa propia. Fue el mismo departamento el que descubrió la verdad, lo que dio lugar a que el Departamento de Justicia de Estados Unidos entablara una demanda, que resultó en una sanción judicial que estipulaba que el departamento LAPD debía hacer progresos para lograr una serie de objetivos de integridad.

No existen soluciones fáciles para el problema de garantizar la integridad de las autoridades policiales. Las comisiones externas de investigación, las oficinas de asuntos internos y los artículos críticos publicados en periódicos pueden ser útiles, pero la solución está en el reclutamiento, el adiestramiento y la supervisión de agentes de policía para que aumenten las posibilidades de un comportamiento digno.

Reclutamiento: Los principios éticos de la mayoría de las personas no cambian con la edad. Si de adolescentes fueron rufianes incontrolables, probablemente de agentes seguirán siendo rufianes fuera de control. Cuando se recluta a futuros agentes de policía, los departamentos deben examinar a fondo el comportamiento de un candidato. Es mejor rechazar a 10 candidatos para obtener uno bueno.

Adiestramiento: Las academias deberán dar más atención a la importancia del comportamiento ético durante su adiestramiento. La integridad hace que el público sea más receptivo a la idea del agente de policía como protector y no como opresor, lo que hace que el agente se sienta satisfecho de la labor valiosa que él o ella está haciendo y de la que se puede sentir orgulloso.

Supervisión: El supervisor clave es el oficial de adiestramiento con quien primero trabaja un nuevo agente. Un buen oficial de adiestramiento educa a los nuevos reclutas sobre “la realidad de la calle exige que se demuestre tanto firmeza como honradez”.

Liderazgo en el departamento: Los altos mandos deberán recompensar a los buenos policías y castigar a los malos, y hacerlo de manera rutinaria y no solo cuando un escándalo motiva una investigación pública. Permitir que los policías malos sigan ocupando su puesto de importancia envía un mensaje negativo a los buenos policías.

(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://iipdigital.usembassy.gov/iipdigital-es/index.html)