Mark Grey es catedrático de antropología de la University of Northern Iowa y director del Center for Immigrant Leadership and Integration (Centro de liderazgo e integración de inmigrantes) de Iowa. Es también el principal autor de Postville USA: Surviving Diversity in Small-Town America.
Millones de inmigrantes han iniciado una nueva vida en los diferentes pueblos y ciudades de Estados Unidos. Desde el siglo XIX, los inmigrantes han impulsado el rápido crecimiento de ciudades costeras como Boston, Nueva York y San Francisco, y del interior, como Chicago, Cleveland y Kansas City. A la mayoría de los inmigrantes, asentarse en grandes ciudades les permite construir enclaves con otros recién llegados que hablan su mismo idioma, tienen sus mismas costumbres y profesan su misma religión. Estos enclaves suelen estar situados cerca de los puestos de trabajo que atraen a los inmigrantes. Por ejemplo, grandes barrios polacos, checos y de otros países del este de Europa surgieron alrededor de las grandes fábricas de productos cárnicos de Chicago y Kansas City. El carácter urbano de la inmigración estadounidense todavía se puede ver en muchas ciudades, donde es posible visitar barrios étnicos con nombres tales como "el barrio chino" o "la pequeña Italia".
Aunque millares de inmigrantes siguen asentándose en grandes ciudades como Los Ángeles, cada vez son más los que optan por vivir en ciudades más pequeñas, zonas suburbanas y comunidades rurales. En general, estas nuevas normas de asentamiento reflejan la disponibilidad de puestos de trabajo, pero también de vivienda asequible y buenas escuelas.
Se suelen encontrar poblaciones de inmigrantes en crecimiento en lugares donde los estadounidenses mayores se jubilan y de donde los más jóvenes se marchan, a veces a grandes ciudades costeras. La inmigración a ciudades más pequeñas y zonas rurales de Estados Unidos está llevando la repoblación y la renovación económica y cultural a muchas regiones del país. Pero también lleva consigo muchos problemas, tanto para los recién llegados como para los antiguos residentes. Una metáfora que se suele usar para definir a Estados Unidos es el de “gran crisol de razas". Con ella se hace alusión a la fusión de numerosas culturas, idiomas y religiones diferentes para forjar una identidad nacional. No obstante, el concepto de "crisol" es demasiado simple. El proceso de transformar un país de muchos inmigrantes en una nación ha sido siempre lento y complejo. De hecho, durante decenios, muchas comunidades estadounidenses de inmigrantes han trabajado, vivido y se han casado exclusivamente entre ellos. La mayor parte de los enclaves de inmigrantes han ido perdiendo las características que los distinguían como barrios étnicos a través de cambios en la economía, el creciente uso del inglés y de los matrimonios fuera del enclave étnico.
Al hablar de inmigración, muchas personas usan el término “asimilación” para describir cómo generaciones anteriores de recién llegados pasaron a formar parte de la sociedad estadounidense y, de ese modo, contribuyeron al “crisol”. Pero el término “asimilación” suele ser engañoso. En primer lugar, da por sentado que muchos de nuestros antepasados inmigrantes cambiaron rápida y voluntariamente sus prácticas culturales y hablaron inglés. En realidad, la historia nos demuestra que muchas comunidades de inmigrantes mantuvieron su carácter distintivo durante generaciones. Segundo, insistir en la asimilación de los recién llegados supone que su integración es un proceso de una sola dirección, en el que sólo los recién llegados cambian su modo de vida, sus prácticas culturales y su idioma. Nada más lejos de la realidad.
La integración de los inmigrantes a los Estados Unidos es un proceso vibrante y dinámico en el que intervienen, no sólo los inmigrantes, sino las comunidades de acogida, las instituciones públicas y las organizaciones privadas. Es cierto que los recién llegados tienen que aprender inglés, familiarizarse con el modo de vida y las prácticas culturales del país y encontrar empleo. Estos ajustes pueden ser muy arduos y requerir varios años, si no decenios, en particular para quienes no tienen aptitudes laborales fácilmente transferibles a lugares de trabajo de Estados Unidos y para los que tienen dificultades en aprender inglés. Estas personas, por lo general, acaban desempeñando los trabajos menos atractivos y ganando salarios relativamente bajos.
Los residentes establecidos y sus instituciones también son responsables de integrar a los inmigrantes. “Ajustes” es probablemente la mejor forma de describir el toma y daca. Las escuelas, por ejemplo, contratan intérpretes para comunicarse con los padres recién llegados. Los hospitales y las clínicas ofrecen servicios de interpretación así como carteles y letreros que reflejan el bajo índice de alfabetismo de los recién llegados, Los agentes de ejecución de la ley aprenden a conocer las costumbres de los nuevos residentes a través de cursillos de capacitación cultural. Los ciudadanos particulares también ayudan a enseñar a los recién llegados e informarles acerca de los recursos locales. Cada vez son más los lugares de trabajo que hacen razonables ajustes para atender a las necesidades religiosas de los nuevos residentes, siempre que no comprometan la seguridad. Un ejemplo de ello es permitir a las mujeres musulmanas llevar la cabeza cubierta en las fábricas, a condición de que el pañuelo quede sujeto bajo el casco de seguridad y otras prendas de protección.
Reconocer y tratar de satisfacer las expectativas de recién llegados y residentes también es importante. Los inmigrantes no tardan en percatarse de que las calles no están "pavimentadas con oro". Aprender a vivir y trabajar en los Estados Unidos requiere mucha perseverancia. Los ciudadanos estadounidenses también necesitan tener paciencia. No se puede esperar que los nuevos inmigrantes aprendan inglés de la noche a la mañana o se "asimilen" y adopten costumbres y modos de vida locales en cuestión de semanas. Los inmigrantes se transforman, ciertamente, al vivir en Estados Unidos, pero también se transforman sus nuevas comunidades.
Los debates y las tensiones sociales en torno a la inmigración en los Estados Unidos con frecuencia reflejan expectativas poco realistas de que los recién llegados rápidamente aprenderán y hablarán inglés. Estas expectativas suelen subestimar el tiempo que requiere aprender ingles, en particular en el caso de los adultos. La aversión a los inmigrantes se suele expresar con quejas sobre los que “se niegan a aprender inglés” o los letreros bilingües en comercios y hospitales. Estas muestras de frustración a veces conducen a la adopción de leyes que imponen la obligatoriedad del inglés como lengua oficial de algunas comunidades y estados. Este debate se ha venido repitiendo con más o menos virulencia durante generaciones.
Las controversias más recientes giran en torno a la presencia de inmigrantes ilegales. Los cálculos varían, pero en general se estima que alrededor de 10 millones de inmigrantes que viven actualmente en Estados Unidos han entrado en el país ilegalmente o han permanecido en él después de expirar su permiso de residencia. El encono contra la inmigración ilegal suele estar relacionado con el convencimiento de los ciudadanos estadounidenses de que los inmigrantes compiten por puestos de trabajo que necesitan ellos mismos, contribuyen al aumento de la delincuencia y utilizan servicios públicos limitados como escuelas y hospitales. Las investigaciones realizadas en torno a esta cuestión a menudo no permitan llegar a conclusiones claras, pero cuando muchos ciudadanos creen que los inmigrantes ilegales son responsables de la degradación de su calidad de vida o que toman más de lo que aportan, la frustración se expresa en una variedad de formas. Muchos estadounidenses se sienten frustrados por que el Congreso no ha aprobado leyes integrales de inmigración para hacer frente al problema de la inmigración ilegal.
Para contrarrestar la falta de acción del Congreso contra la inmigración ilegal, un número cada vez mayor de estados y ciudades está promulgando sus propias leyes. Por ejemplo, algunas comunidades han prohibido alquilar casas y apartamentos a inmigrantes que carezcan de documentación oficial de su condición de inmigrante legal. Algunos estados han dictado disposiciones que impiden a un inmigrante ilegal obtener el permiso de conducir. Otros lugares han prohibido la prestación de servicios de atención de salud financiados con fondos públicos a inmigrantes ilegales y a sus hijos, salvo en casos de emergencia.
Una reciente ley del estado de Arizona exige a los agentes de ejecución de la ley verificar la condición de inmigración de cualquier persona sospechosa de estar en Estados Unidos ilegalmente. Una disposición de esta ley ha sido revocada por un tribunal federal. El litigio continúa, lo mismo que el debate nacional sobre inmigración.
Pese a estas tensiones políticas y sociales, el debate y el rencor por la inmigración no son fenómenos nuevos ni infranqueables. Debates similares han surgido intermitentemente en la historia de los Estados Unidos. Suelen producirse como resultado de amplios cambios en la economía y el mercado de trabajo. A veces, los descendientes de inmigrantes anteriores tratan de restringir la llegada de nuevas poblaciones. Por ejemplo, las leyes que restringían la inmigración de China e Irlanda con frecuencia estuvieron instigadas en el plano federal y local por “nativos” que eran, ellos mimos, hijos y nietos de inmigrantes. Este sentimiento “nativista” ha resurgido varias veces en la historia de Estados Unidos, pero, finalmente, ha prevalecido la integración — aunque el proceso se ha visto con frecuencia impugnado tanto por los recién llegados como por los nativos.
En el curso de la historia de Estados Unidos, los países de origen de los inmigrantes han cambiado, junto con los idiomas, las costumbres y las culturas que éstos traen consigo. Los inmigrantes de hoy se enfrentan a los mismos obstáculos con que tropezaron los que los precedieron, en su adaptación a la sociedad y cultura de su nuevo país. Asimismo, algunos estadounidenses muestran las mismas actitudes negativas hacia los inmigrantes que sus propios antepasados inmigrantes encontraron. Sin embargo, y pese a las dificultades recíprocas de adaptación e integración, los inmigrantes siguen buscando una vida mejor en los Estados Unidos y la sociedad estadounidense se sigue transformando.
Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista ni la política del gobierno de Estados Unidos.

