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Publicaciones

Cómo ayudar a la juventud, una conversación tras otra

15 junio 2010
La doctora Arrington conversa con dos muchachas jóvenes (Departamento de Estado)

La doctora Arrington respeta y protege la privacidad de los jóvenes que acuden a ella para recibir asesoramiento.

Este artículo pertenece a la publicación "La cultura popular y la realidad en Estados Unidos". Para consultar los demás artículos haga clic a la derecha.

Por Sonya F. Weakley

La doctora Perette Arrington sabe qué se siente al escuchar los estallidos viscerales de ira y confusión. Conoce el dolor de ver a gente presa de angustia. Su profesión de psicóloga a veces la obliga a aceptar y calmar las emociones de sus pacientes. Es un muro de contención.

“Cuando no pueden controlar sus emociones, las disparan y tienen que ir a alguna parte”, dice. “Yo los escucho durante una sesión y contengo sus impulsos”.

Arrington es la única persona que los escucha. Atiende a los pacientes en una consulta privada en un ambiente confidencial donde éstos pueden sentirse seguros de poder expresar sus sentimientos. No hay cámaras. No hay televisión. No hay espectáculo público,

A lo largo de su carrera la doctora Arrington ha tratado a pacientes muy enfermos y las sesiones eran a veces muy difíciles. “La gente a veces me pregunta cómo hago este trabajo. Es triste pensar que algunas personas viven con enfermedades mentales, pero yo no podría hacer mi trabajo si no lo pudiera separar” de su vida personal.

Cuando va a casa no habla con nadie de las personas que ha visto. “Es parte de los que hace mi trabajo especial”.

La doctora Arrington es doctora en psicología por la Universidad George Washington, de Washington, D.C., y tiene maestría en psicología de orientación, de la Universidad de Howard, también en Washington.

Aunque ha trabajado en muchos lugares, recientemente ha pasado a desempeñar el cargo de psicóloga residente de la escuela de enseñanza media John Philip Sousa, de Washington. La ciudad administra un programa de salud mental para ayudar a las escuelas a trabajar individualmente con niños y con pequeños grupos privados.

En sus sesiones de grupo trabaja con alumnos de los grados sexto, séptimo y octavo sobre un solo tema, por ejemplo, control del conflicto o la ira. Su objetivo es prevenir los problemas antes de que se produzcan. También se reúne con los niños individualmente para ayudarlos a resolver sus dificultades personales, como un conflicto con un amigo o alguna desavenencia familiar.

De vez en cuando va a las aulas a enseñar a toda una clase y trabaja directamente con maestros y padres en control de distintos tipos de comportamiento. Recientemente, ha enseñado una clase para ayudar a los estudiantes a conocer los indicios tempranos del suicidio. “Les enseño a imaginar los indicios entre sus propios amigos, hermanos y a pedir ayuda. Algunas veces, los niños, simplemente, no saben qué hacer; pueden volver la espalda porque no saben cómo reaccionar”.

Para un grupo de ocho alumnas de los grados sexto y séptimo, organizó una discusión semanal durante la hora del almuerzo, sobre control de la ira, en la que les hizo ver lo que significa tener una “baja tolerancia a la frustración”. Este tipo de “intervención” tiene por objeto evitar los problemas antes de que ocurran.

“A la doctora Arrington le puedes contar sus sentimientos íntimos”, dice Lajuan, estudiante de octavo grado. “Puedes ir a ella si te sientes deprimida o tienes un problema”.

También interviene en “minicrisis”, como cuando dos alumnos se enzarzan en una discusión acalorada, pero el problema no se trata delante de otros alumnos; los alumnos en discordia resuelven sus diferencias en privado.

El director de Sousa, Dwan Jordan, describe a la doctora Arrington como una persona capaz de trabajar bien con los adultos y los alumnos de la escuela. Afirma que en Sousa tienen suerte, porque la mayoría de las escuelas no tiene la ventaja de contar con un profesional permanente dedicado a la salud mental de los alumnos. Añade, “Ha sido una bendición conseguir a la doctora”. Los alumnos “todos confían en ella. Tiene un gran sentido de la ética profesional y siempre está preparada”.

La doctora Arrington no se inclinó inicialmente al estudio de la psicología. Como experta jugadora de voleibol en Seton Hall University, en Nueva Jersey, a veces se veía abrumada entre sus estudios de biología como candidata a la facultad de medicina y sus entrenamientos como atleta durante todo el año. “No dormía bien. Tenía que hacer una decisión”,

Su decisión fue posponer sus planes de hacerse cardióloga y buscar alguna otra carrera en el sector de la salud. “Empecé a estudiar psicología y me encantó. Encuentro que tiene sentido”.

Comprendía las diversas teorías de la psicología y la manera en que ayudan a explicar distintos tipos de comportamiento, y parecía tener una aptitud natural para aplicarlas en situaciones concretas. A partir de entonces, la doctora Arrington supo lo que quería hacer. Recuerda que “Ayudar a la gente a resolver sus problemas personales le parecía “una aptitud innata”.

Al mismo tiempo que proseguía sus estudios, aprovechó muchas oportunidades de trabajar en diversos proyectos de investigación, entre ellos uno como becaria en un internado y clínica para adolescentes con desarreglos emotivos graves, y otro en un programa de trabajo con niños que vivían con familias de acogida, generalmente con carácter temporal.

En el internado, Arrington trabajó varios meses en un programa de cuidados especiales con pacientes con enfermedades mentales avanzadas. Estaba 24 horas al día a disposición de los niños, y también era para ellos una cara familiar si tenían que ir al hospital o hacer frente a otras emergencias.

“Estaba agotada,” recuerda, pero se le hacía todo más fácil cuando veía que los niños hacían algún progreso.

También ha trabajado en albergues de jóvenes, en las escuelas públicas de Washington, como asociada, junto con otros profesionales, y en la Asociación Nacional de Trabajadores Sociales, en tareas de investigación. Además de su empleo a tiempo completo en la escuela de enseñanza media, la doctora Arrington tiene su propia clínica particular donde atiende a niños y adultos en sesiones individuales de orientación. También trabaja de consultora en otra clínica.

Y nunca renunció al voleibol. Ha sido la principal entrenadora del equipo de voleibol de las alumnas de la Escuela Secundaria Senior Wilson, en Washington, durante 10 temporadas, en todas las cuales su equipo ha ganado el campeonato de liga. “Es un trabajo que requiere dedicación completa”, dice. Planea los entrenamientos y los torneos e incluso coordina la red de padres y otros que se encargan de llevar a las niñas a los torneos. “Lo hago porque me gusta, lo hago por las niñas”.

Entrenar a un equipo de voleibol absorbe gran parte de su tiempo y con frecuencia habla de dejarlo, pero sigue posponiendo la decisión. “Sigo recibiendo esas maravillosas atletas y las quiero ayudar, moldear, y darles las mismas oportunidades que yo tuve”.

Su trabajo la ha ayudado a comprender la forma en que piensan los adolescentes y cómo encauzar su carácter competitivo, y ellos, por su parte, se sienten confiados hablando con ella. “Entiendo las presiones a las que están sujetos y puedo comunicarme fácilmente con ellos. Si usted hace su trabajo con gusto, a la gente le es fácil sentirse a gusto con usted”

Sonya F. Weakley es redactora y editora de la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de EE.UU.

(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://iipdigital.usembassy.gov/esp )

La doctora Arrington, sonriente, con un grupo de estudiantes (Departamento de Estado)

La especialidad de la doctora Arrington es ayudar los estudiantes de secundaria.