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Publicaciones

Los pueblos indígenas en el siglo XXI

Wilma Mankiller

12 junio 2009

Lo tradicional y lo moderno se combina en este indígena de Estados Unidos, ataviado con trajes festivos.

Este artículo pertenece al Periódico Electrónico "Pueblos indígenas: vivir en dos mundos". Para consultar los demás artículos de esta publicación haga clic a la derecha.

Wilma Mankiller, ex líder supremo de la nación cherokee y primera mujer en ocupar ese cargo, es también autora de varios libros y, desde hace tiempo, activista de los derechos de los indígenas. En 1998 fue condecorada con la Medalla Presidencial de la Libertad.

¿Qué guarda el futuro para los pueblos indígenas de todo el mundo y qué significa ser un indígena en el siglo XXI?

La respuesta a estas preguntas variará bastante entre los 250 á 300 millones de indígenas dispersos por casi cada todas las regiones del mundo. Cada una de las aproximadamente 5.000 naciones indígenas tiene su propia historia, lengua, cultura, sistema de gobierno y modo de vida. Algunos de estos pueblos indígenas continúan subsistiendo de la pesca, caza y recolección de plantas para su alimentación, mientras que otros ahora dirigen empresas polifacéticas.

Los grupos indígenas de todo el mundo tienen en común los desafíos que presenta su lucha para proteger sus tierras ancestrales, recursos naturales y prácticas culturales. El desconocimiento que se tiene tanto de la historia como de la actualidad de los pueblos indígenas dificulta enormemente su pugna en defensa de sus derechos humanos y territoriales. Fuera de un contexto histórico o cultural, es casi imposible llegar a comprender los problemas que hoy día afectan a los indígenas.

Los problemas arraigados en el colonialismo

Al observar los desafíos que afrontan los pueblos indígenas en todo el mundo, es importante tener presente que las causas de muchos de sus problemas sociales, económicos y políticos tienen su origen en las políticas coloniales. A los pueblos indígenas del mundo les une la experiencia común de haber sido “descubiertos” y de sufrir las consecuencias de la expansión colonial en sus territorios, lo que ocasionó la pérdida de un número incalculable de vidas, así como de millones de hectáreas de tierras y de recursos naturales. No se respetaron los derechos más básicos de los pueblos indígenas y fueron subyugados a políticas públicas cuyo propósito era asimilarlos a la sociedad y a la cultura de la colonia. El legado de estas políticas fue, con demasiada frecuencia, la pobreza, un alto índice de mortalidad infantil, el desempleo desenfrenado y la drogadicción con todos sus problemas concomitantes.

La labor realizada por los pueblos indígenas y grupos de apoyo rindió fruto el 13 de septiembre de 2007, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó el texto de la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Si bien la mayoría de los países miembros emitió un voto favorable, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Canadá y Australia se opusieron a la resolución. Sin embargo, ahora se observa un cambio en la postura de estos cuatros países. Kevin Rudd, primer ministro de Australia, avaló recientemente la declaración, lo que constituye un paso importante para la población aborigen de ese país, así como para los pueblos indígenas de todo el mundo. Y, con la elección en 2008 del presidente Barack Obama, se espera que Estados Unidos reconsidere su voto.

La Declaración de las Naciones Unidas protege la libre determinación política y los derechos de los pueblos indígenas que han sido ratificados en tratados, como es su derecho a “perseguir libremente su desarrollo económico, social y cultural”. En el ejercicio de estos derechos, el acceso y el control de sus tierras ancestrales son condiciones indispensables para la buena gestión de la autonomía de todos los pueblos indígenas, desde las tribus manipuri en la India hasta las poblaciones andinas del Perú, Ecuador y Bolivia.

A la vez que recuperan gradualmente sus tierras y recursos naturales, los pueblos indígenas trabajan para desarrollar sus economías y reconstituir sus comunidades y naciones. Si bien ahora hay muchos empresarios indígenas, no menos asombroso es el elevado número de empresas asociadas por propiedad común de los gobiernos tribales o comunidades indígenas. Estas empresas varían desde las cooperativas de mujeres tejedoras de la zona ribereña del Río Negro de Brasil hasta las empresas de venta de pescado de la población luo de Kenya. En ferias comerciales que se celebran anualmente en Winnipeg, Canadá, y en Melbourne, Australia, se exponen productos y se promueven empresas indígenas. En Estados Unidos, muchos programas sociales y culturales son financiados con ingresos generados por editoriales, centros comerciales y casinos de juegos de azar que son empresas de propiedad indígena.

Según continúan desarrollando su economía y atienden sus problemas sociales, los pueblos indígenas tienen como máxima prioridad la conservación de la cultura, lengua, técnicas de sanación, canciones y ceremonias de sus respectivas tribus. Es un milagro que, frente a enormes adversidades, muchos pueblos indígenas hayan conservado sus conocimientos tradicionales, los valores inherentes que los han sostenido a través del tiempo y su cohesión como pueblos tribales.

Temas compartidos

A pesar de sus muchas diferencias, los pueblos indígenas de todo el mundo comparten unos valores y, entre ellos, predominan el sentido de reciprocidad mutua, que aunque a veces fragmentado siempre está presente, y la comprensión clara de que su vida y la de la tierra son una sola e inseparable. Este arraigado sentido de dependencia de unos y de otros, y de cada ser vivo, es lo que potencia la obligación y la responsabilidad de conservar y proteger el mundo natural que es el proveedor sagrado de alimento, medicamento y sustento espiritual.

Los valores son fundamentales en las comunidades indígenas, en las que las personas que más respeto merecen no son las que más riqueza material han acumulado o más éxito personal han alcanzado. El mayor respeto se otorga a los que ayudan a otros, a los que entienden que sus vidas se desenvuelven en un marco de relaciones recíprocas.

La forma de gobierno también difiere entre los gobiernos tribales de una región y otra. En Estados Unidos, los 560 gobiernos tribales mantienen una relación directa con el gobierno federal. Estos gobiernos ejercen una serie de derechos soberanos, como son la administración de su propio sistema judicial y fuerzas policiales, la operación de escuelas y hospitales, y la gestión de una amplia gama de empresas comerciales. Los gobiernos tribales son creadores de miles de puestos de trabajo y contribuyen millones de dólares a las economías de los estados en los que tienen su asiento. Todos estos adelantos benefician a todos en la comunidad y no solamente a los pueblos tribales. La historia, la actualidad y el futuro de los gobiernos tribales de Estados Unidos están entrelazados a los de sus vecinos.

Los gobiernos tribales controlan tierras que fluctúan entre varios millones o menos de 25 hectáreas de tierra. La población también oscila entre los más de 250.000 indígenas de las naciones navajo y cherokee hasta los menos de 100 habitantes de otros gobiernos tribales. Es importante observar que el tamaño de la población o la extensión de las tierras de un gobierno tribal soberano no determina el grado en el que pueda ejercer su derecho a la libre determinación política. Así como el pequeño principado de Mónaco disfruta de los mismos derechos internacionales que China y Estados Unidos, los gobiernos tribales de escasa población y pocas tierras son entidades soberanas con las mismas facultades que las tribus con una gran población y extensión de tierras.

Según avanza el siglo XXI, los pueblos indígenas hacen frente a muchos y graves problemas políticos, sociales, económicos y culturales. Uno de los mayores desafíos que afrontan es el desarrollo de modelos prácticos para retener, mantener y legar sus sistemas tradicionales de conocimientos y sus valores a las generaciones futuras. Nada puede reemplazar el sentido de continuidad que se desprende de una comprensión a fondo de los conocimientos tradicionales de una tribu. No cabe duda de que en algunas comunidades indígenas, su lengua original, sus ceremonias y sus sistemas de conocimientos han sido irremediablemente perdidos, pero en muchas otras los valores se mantienen vivos, se habla su lengua vernácula y se celebran cientos de ceremonias para conmemorar el cambio de estaciones en el mundo natural y en la vida de los seres humanos. Cada año, los pueblos indígenas desarrollan más proyectos para conservar aspectos particulares de su cultura como son el idioma y las plantas medicinales.

Para imaginar el futuro de los pueblos indígenas, hay que mirar su pasado. Si fueron suficientemente tenaces para sobreponerse a una extraordinaria pérdida de vidas, tierras, derechos y recursos, luego los pueblos indígenas están suficientemente bien equipados para superar cualquier desafío que se les presente. En muchas partes del mundo, los pueblos indígenas no sólo sobreviven, sino que prosperan. En América del Sur, donde viven unos 40 millones de indígenas, líderes de visión del futuro como Evo Morales, presidente de Bolivia, y Rigoberta Menchú, laureada con el premio Nobel, están a la cabeza de un renacimiento cultural y político.

En Estados Unidos, el futuro se augura mejor para los pueblos tribales debido en gran parte a las gestiones a favor de la libre determinación política y autogobierno realizadas por los gobiernos tribales. Son ya muchas las historias de gobiernos tribales y de pueblos que reconstruyen y revitalizan sus comunidades y naciones.

La Universidad de Harvard recientemente concluyó una investigación exhaustiva iniciada hace más de una década. Publicada como un libro de cautelosas expectativas bajo el título The State of Native Nations,  la investigación revela que la mayoría de los indicadores sociales y económicos se desplazan en sentido positivo, que los gobiernos tribales se afianzan, que el nivel de educación mejora y que la cultura renace en muchas comunidades tribales.

En las mismas comunidades indígenas las conversaciones giran en torno al tema de lo que significa ser un indígena tradicional hoy y en el mañana.

Ser indígena en el siglo XXI significa ser parte de una comunidad que ha afrontado pobreza y opresión devastadoras, pero aún así encuentran muchos momentos de consuelo y sosiego espirituales en sus historias, idioma, ceremonias y cultura tradicionales.

Ser indígena en el siglo XXI significa ser parte de un grupo que es poseedor de los conocimientos más valiosos y antiguos del planeta, de un pueblo que todavía mantiene una relación directa con la tierra y se siente responsable por ella.

Ser indígena en el siglo XXI significa volver a confiar en su propio criterio, no meramente para articular una visión del futuro, sino para dotar a sus comunidades del conjunto de destrezas y la capacidad de liderazgo que hagan que esa visión del futuro se convierta en una realidad.

Ser indígena significa que, a pesar de todo, se pueda ser capaz de soñar con un futuro en el que toda la gente respete los derechos humanos y la libre determinación de los pueblos indígenas. Se podrán colonizar la tierra y los recursos, pero no los sueños.

Ser indígena en el siglo XXI significa establecer redes para el intercambio de conocimientos tradicionales y las mejores prácticas entre las comunidades indígenas de todo el planeta, a través del uso de iPhone, BlackBerry, Facebook, MySpace, YouTube y las demás herramientas tecnológicas disponibles.

Ser indígena en el siglo XXI significa ser un empresario, físico, científico o hasta un astronauta que imprime sus huellas en la luna para luego regresar a su hogar y tomar parte en ceremonias que su pueblo ha celebrado desde el principio de los tiempos.

Soy una mujer indígena del siglo XXI y, tal como la de mis antepasados, mi vida se ha desenvuelto en el marco de las relaciones de reciprocidad con mi comunidad, con la nación cherokee, mi familia biológica y mi familia elegida.

Ser indígena en el siglo XXI significa honrar a nuestros antepasados porque mantuvieron fija su mirada en el futuro, sin importarles su presente.

Ser indígena en el siglo XXI significa reconocer pasadas injusticias pero sin permitir nunca que nos paralice el sentimiento de ira por el pasado o por la totalidad de los desafíos del presente.

Significa atender los consejos de nuestros familiares, los mohawk, que nos recuerdan que es difícil ver el futuro si tenemos lágrimas en los ojos.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista o políticas del gobierno de Estados Unidos.

La activista cherokee Wilma Mankiller.

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