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Publicaciones

Enseñar el arte de ser persona: La inmemorial tradición indígena de la narración está viva

Lea Terhune

02 marzo 2009
Dovie Thomason, narradora de varias tradiciones indígenas americanas, además de las tribus de su origen lakota y apache kiowa.

Dovie Thomason, narradora de varias tradiciones indígenas americanas, además de las tribus de su origen lakota y apache kiowa.

Este artículo pertenece al periódico electrónico de febrero de 2009 “Literatura pluricultural actual en Estados Unidos”. Para consultar los demás artículos de este periódico haga clic a la derecha.

Los pueblos indígenas que primero habitaron el continente americano conservaron su literatura en la memoria para transmitirla oralmente y sus miembros supervivientes todavía lo hacen.

Lea Terhune es redactora y editora gerente de este periódico electrónico eJournal USA.

Antes de que existiera la escritura existían las historias. A través de milenios las historias se transmitieron de generación en generación, en las familias y en las comunidades; historias que captaban los valores y las leyendas de sociedades diversas. Los narradores con talento aprendían de memoria cientos de historias y versos y eran muy respetados como artistas de espectáculo y como maestros que inspiraban, infundían valores y guiaban la conducta.

Cuando se inventó la escritura muchas historias transmitidas oralmente se pusieron por escrito, pero los narradores continuaron cautivando a las comunidades tradicionales en todo el mundo. Aún la revolución tecnológica del siglo XX, que produjo la radio, la televisión, Internet y los medios digitales, no los silenció.

Los indígenas de las Américas tienen una rica tradición oral entre las muchas tribus o naciones distintas que habitaron América del Norte y del Sur antes de que aparecieran los primeros exploradores europeos. Hoy esas historias, preservadas dentro de sus comunidades, llegan a audiencias mayores gracias a narradores como Sunny Dooley y Dovie Thomason. Dooley, de ascendencia navajo o diné, y Thomason, lakota y apache kiowa, se reunieron para hablar sobre la narración en el siglo XXI tras sus presentaciones en el Museo Nacional del Indígena Americano en Washington.

Dooley es intérprete estricta de la tradición navajo y, siguiendo el consejo de su abuelo cantor, lleva a cabo narraciones sólo donde se la invita y no hace publicidad. Durante su infancia, en la reserva navajo en Arizona, se empapó de la cultura tribal, su lengua materna es el diné. Los navajos, que actualmente constituyen la mayor nación indígena en Estados Unidos, eran seminómadas y pastores. Thomason nació en una familia que pertenecía a las naciones indígenas de las Grandes Planicies, los lakotas, cuya subsistencia giraba alrededor de la caza de búfalos antes de las manadas fueran diezmadas, y los apaches kiowas, legendarios guerreros feroces.

La tradición oral difiere entre las tribus, pero su objetivo es similar. “Hay cientos de naciones nativas y cada nación y tribu tiene su propósito específico que asigna a las historias”, dice Sunny Dooley, y entre los navajos “Las historias se utilizan como un aspecto de la información, de la enseñanza para que las personas aprendan a ser humanas”. La dimensión espiritual de las historias es parte integral de todas las ceremonias navajos, en donde se emplean “para sanar, para enseñar, para entretener y de hecho dan al individuo un punto de referencia de su origen”, agrega Dooley.

Dovie Thomason representa varias tradiciones indígenas. Además de su patrimonio natural, fue adoptada por los pueblo y “tomada en préstamo por los iroqués que necesitaban un narrador”. Está de acuerdo con Dooley en lo que respecta a sus tradiciones. “Prácticamente todo lo que Sunny dijo de la narración es similar en cuanto al propósito y el punto de referencia del origen. Necesitamos que se nos enseñe y recuerde cómo ser humanos; necesitamos un plan maestro, una especie de mapa, de dirección sobre la forma de escoger y tomar decisiones”, agrega.

La función de magisterio de las historias

Las historias ayudan en su labor a los padres y en “mantener vivas determinadas formas de ser humano dentro de una comunidad”, dice Thomason. Al hablar del aprecio de la independencia y la individualidad entre los lakotas y los apaches kiowas recuerda a su abuela, de quien aprendió muchas historias en su repertorio. “Decía que me narraba historias para que yo pudiera ser libre. Creo que eso quizá hace eco, en parte, de su experiencia de finales del siglo XIX y principios del XX, en el sentido de que las historias eran el medio para enseñar la moderación, el autocontrol”, sin tratar de dictar una conducta. “La idea de tener que controlar la conducta de otra persona no es tabú, pero es simplemente incómodo, es inapropiado”, indica Thomason.

Las historias se utilizan para enseñar el valor de la responsabilidad y la moderación. Los personajes cómicos sagrados, como el coyote, la araña o el mapache son motivo de historias amonestadoras sobre las consecuencias del mal comportamiento y los beneficios de actuar correctamente. El coyote y la araña “enseñan que simplemente por el hecho de que se puede hacer algo no significa que se debe hacer”, dice Thomason. Las historias hacen que la persona piense: “Yo puedo hacer eso, ¿es lo que debo hacer?...Quizá no”. Es “respeto en lugar de confrontación” o control. Las historias destacan los defectos y al mismo tiempo permiten que el trasgresor escoja. Thomason explica, “la persona puede analizar las historias y decirse ¿yo soy como el pájaro? ¿cuál soy yo? ¿por qué se me contó esa historia?

Tanto Thomason como Dooley recuerdan tener que escuchar historias, muchas veces durante horas, después de haber cometido alguna infracción infantil. Dooley dice que la narración de historias enseña “la bondad de toda vida; qué leña se puede recoger para calentar la casa y específicamente cuáles son los animales apropiados para consumir. También creo que nos hacen muy conscientes del medio ambiente”.

Sunny Dooley y Dovie Thomason comenzaron a narrar historias en sus comunidades tribales. Cuando ampliaron su audiencia confrontaron un dilema: cómo manejar la narración sagrada y la profesional. “Es prácticamente necesario separarse de la narración cultural y ceremonial de las historias y luego pasar a este otro lado donde está la profesión de la narración”, dice Dooley. Las historias rituales navajo no cambian, ni se crean nuevas. Algunas han “desaparecido” – “no hay tantas como antes, pero todavía hay suficientes para narrar”. Los historias navajo son largas, generalmente toman días para relatar, lo que es un problema para los intérpretes en funciones cortas. Las historias nuevas se crean en lo que Dooley llama la esfera “profesional”. “En ese género particular se narran historias nuevas y se hace en todos los medios, no sólo verbalmente”. Dice que sus propias contribuciones “son historias personales de su crecimiento en un mundo bicultural”, y agrega, “Creo que la gente de todas las naciones que son indígenas de sus países pueden identificarse con eso”, debido a su experiencia con la “historia de la conquista europea”. Las culturas indígenas sobrevivieron la colonización. Dooley dice que el legado colonial “son sistemas políticos que en cierto modo han desgastado la integridad cultural. Creo que las historias recuperan esa integridad”.

Thomason, en forma similar, ha tenido una “experiencia dividida” al equilibrar la narración tradicional y la profesional. Nunca narra ciertas historias fuera de la comunidad. Le preocupa que la suposición de que las historias tribales son folklore y por tanto de dominio público y que pueden apropiarse libremente para ser narradas, pueda distorsionar las tradiciones sagradas. “Al pasar al campo profesional, eso ha llegado a ser muy importante, pues vi mucha de la destrucción y el daño que se hacía a la narración, con buena intención o aún descuidadamente, en esa profesión”, dice Thomason. Cree que puede ser necesario crear nuevas historias. “Tomo parte activa en un grupo de narradores de todo el mundo, narradores indígenas que examinan la necesidad de nuevas historias. El siglo XXI ha logrado lanzarnos algunas nuevas conductas y no tenemos historias para tratarlas”, dice y da dos ejemplos: “Los niños que se matan entre si”, debido a la violencia de las pandillas, y, lo que llama “la enfermedad del apresurarse … realizamos múltiples actividades simultáneamente, estamos haciendo demasiado … La gente nunca se ha movido tan rápidamente. Necesitamos historias que nos den el saber necesario”.

Restauración de la armonía

La narración tradicional es de temporada. Thomason recuerda algo que le dijo un anciano, “El mundo está al revés. Nosotros seguimos las estaciones, sin embargo este mundo en el que vivimos no. Hubo una época en que cuando llegaba el frío, nos deteníamos. Ahora ponemos las cadenas, tenemos automóviles con transmisión en las cuatro ruedas. Simplemente salimos tres horas más temprano para ir al trabajo. No tenemos un tiempo tranquilo en el tepee. No tenemos un tiempo de inactividad en el wikiup, donde todo el invierno es la época para dormir, para la reflexión”. (El tepee y el wikiup son tipos de refugios del indígena estadounidense).

Thomason continúa, “¿Así que en un mundo al revés, tenemos que considerar nuestras tradiciones: ¿Tenemos que considerar nuestros mundos?,¿en qué nos adaptamos?,¿en qué es peligroso hacerlo?,¿en qué cambiamos?,¿en qué no?” Las historias tradicionales deben permanecer inmutables”, dice. “El esqueleto no se puede alterar. La trascendencia de las historias, el volumen de éstas pueden alterarse, se amplían y contraen, las cosas son adaptables… pero tiene que haber consenso en lo que constituye una adaptación razonable”, concluye Thomason.

La narración de historias recupera la armonía perdida, las historias y las ceremonias navajo “restauran la armonía de manera que una vez más uno se encuentra en esa condición afortunada de estar en armonía con toda la creación”, dice Dooley. “Así que en cierta forma nuestras historias abarcan la gama del orden al desorden y otra vez al orden; y dentro de esos parámetros, existimos”.

Las dos se impacientan cuando el término “pluricultural” se aplica a los indígenas estadounidenses. “No somos una minoría, sencilla y simplemente. Somos naciones soberanas con una situación legal única; somos indígenas, lo que nos coloca en un marco mundial, internacional, del derecho y de las relaciones, que se pierde cuando nos convertimos en “estadounidenses de origen nativo”, indica Thomason y agrega: “Me gustaría que nos uniéramos al mundo y comenzáramos a usar el término indígenas o fuéramos específicos”. Ser descendiente de las primeras naciones, cuya presencia se remonta a miles de años, es diferente de otras experiencias de emigrantes recientes, dice.

Sunny Dooley está de acuerdo, “Toda esta idea de el pluriculturalismo me golpea en cierto modo y se me ocurre: ¿la cultura de quién?”. De sus encuentros con otras culturas no angloeuropeas dice, “si uno va a las selvas de África nuestras ricas culturas son muy similares. No hay mucho ‘pluri’ al respecto. Es como decir, yo conozco mi historia, ellos conocen su historia. Son similares o parecidas”.

Las historias requieren tiempo para la reflexión, lo que escasea en el mundo moderno. Dooley se pregunta “si la gente comenzará otra vez escuchar realmente. Porque en verdad creo que necesitamos ratos de tranquilidad”, agrega Thomason. “Para hablar y para expresarse claramente y bien, sin notas, y para llevar ideas en la mente, se requieren períodos de silencio y quietud para poder desarrollar esa habilidad y se requiere una audiencia de escuchas que puedan mantener el silencio y la quietud y la atención y escuchen”, y agrega, “Hemos abandonado el antiguo saber, el expresarse y el escuchar”.

Un aspecto más positivo es que ahora los expertos “no se refieren a nosotros como extintos o primitivos o atrasados, y consideran el regalo precioso de nuestras tradiciones orales junto con toda la literatura del mundo”, comenta Thomason. Dooley, que usa una cesta navajo de diseños refinados como accesorio en sus presentaciones, dice que la actitud de que algo “es solamente válido si está escrito” le irrita. Usa su cesta “porque no hay nada escrito en ella. El diseño está incorporado y no cambia. Sin embargo, es tan válido como la historia escrita de cualquiera”.

Dooley ha publicado poesía y Thomason escribe canciones y literatura infantil que se inspiran en cuentos tribales tradicionales. Sin embargo, su vocación principal es hacer el contacto personal que ambas sienten que es parte crucial del proceso de la narración, necesario para que ésta logre el máximo efecto. El Museo Nacional del Indígena Americano destacó las habilidades de Dooley y Thomason personalizando los cuentos didácticos tradicionales, a fin de atraer en forma memorable la atención de la audiencia. Sus presentaciones fueron recibidas con entusiasmo y aplausos por parte de los adultos y alaridos de deleite por los muchos niños presentes, cautivados por las aventuras del coyote o la araña, o por las historias sobre la forma en que el maíz, las papas, los tomates, los pimientos, los frijoles y el chocolate, originados en las culturas indígenas americanas, llegaron a ser alimento reconfortante en todo el mundo.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista o las políticas del gobierno estadounidense.

Sunny Dooley mantiene la tradición oral navajo. (Foto cortesía de Sunny Dooley)

Sunny Dooley mantiene la tradición oral navajo. (Foto cortesía de Sunny Dooley)

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