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Publicaciones

Mi Estados Unidos: La ciudad y el sueño

Una muchacha recién graduada de la universidad habla del sueño estadounidense

24 septiembre 2008

Ashley Moore

(Este artículo pertenece al periódico electrónico de junio de 2006 “Instantáneas de Estados Unidos”. Para consultar los demás artículos de este periódico haga clic a la derecha).

Ensayo de Ashley Moore

Ashley Moore se graduó recientemente en la Universidad Cristiana de Texas en Fort Worth, Texas. En la actualidad trabaja en Brides.com Local Print, una división de la casa editorial Condé Nast en la ciudad de Nueva York y espera regresar a Texas algún día.

Cuando somos jóvenes se nos enseña sobre el sueño estadounidense. "Estados Unidos es la tierra de las oportunidades, donde los frutos de esta buena nación pueden obtenerse con trabajo duro y determinación", nos dicen nuestros profesores. Fila tras fila de jóvenes estadounidenses con la ilusión en los ojos hemos mirado las páginas de los libros de historia, contemplando las fotos de quienes vinieron a nuestro país en busca de una vida mejor. Para las muchedumbres de inmigrantes que llegaron por barco a principios del siglo XX, suponía un trabajo estable, comida en la mesa y la capacidad de mantener a sus familias. Si seguimos leyendo aprendemos los secretos de la buena fortuna: si al final de un día de trabajo duro queda algo para demostrarlo, como comida en la mesa o dinero en el banco, estamos viviendo el sueño.

Desde luego que hubo tropiezos, montones de ellos. A medida que nos hicimos mayores, avanzando en nuestros estudios, los libros de texto revelaron las adversidades que desafiaron a tantos soñadores estadounidenses. Muchos de los momentos difíciles fueron causados por la economía y algunos por cuestiones raciales. Pero el sueño seguía estando vivo a pesar de los reveses. Con los años adquirió velocidad, inspirando persistentemente los rostros de nuestro país. Y hoy todavía estamos intoxicados con la idea de que cada uno de nosotros puede ser su propio éxito estadounidense.

Han pasado varios años desde que miré los libros de mis días escolares. Ha pasado aún mucho más tiempo desde que pensé en las lecciones de historia. Pero últimamente he vuelto a pensar en esos días, jugueteando con la idea de mi propio sueño. Vivo en la ciudad de Nueva York, a pocas cuadras de los barrios donde hace cien años los inmigrantes derramaron sangre y lágrimas en su búsqueda de fortuna y de una buena vida. Como escritora joven y con aspiraciones no he derramado sangre, pero sí ha habido algunas lágrimas. Supongo que eso me relaciona con los inmigrantes de antaño de esta ciudad porque no puedo abandonar, aflojar, ni dejar que se me aflojen las rodillas.

Cada día me lanzo a la ciudad. Es oscura y desfigurada, repleta de tentaciones y distracciones. Y ni siquiera es invierno. Pero al final del día, después de pasar horas escribiendo para una revista y en un trabajo nocturno de camarera en un restaurante, el sueño me sigue diciendo que algún día tendré algo que enseñar por estos esfuerzos. Pero ¿qué?, me pregunto cansadamente. ¿Un pequeño apartamento de una habitación que no es más grande que la sala de estar de la casa de mis padres? ¿O quizás la heladera vacía con un solitario pedazo de queso?

"Estados Unidos es la tierra de las oportunidades, donde los frutos de esta buena nación pueden obtenerse con trabajo duro y determinación", volverían a decirme mis profesores. Hay una ingenuidad hermosa en esa lección escolar. Cuando somos niños creemos cualquier cosa y las seguimos creyendo hasta que nos dicen que no lo hagamos. En su esencia, el sueño estadounidense también es infantil. A medida que nos hacemos mayores, inquietos a veces por el temor de nunca lograr la buena fortuna, el sueño permanece implacable, constante, negándose a detenerse.

Es posible que mi fortuna nunca sea automóviles lujosos o un ático de lujo. Debo confesarme a mí misma que es posible que tampoco llegue a ser escritora. Pero el sueño todavía me sigue dando inspiración, de manera que confío en que un día seré mi propio éxito estadounidense.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista ni las políticas del gobierno de Estados Unidos.

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