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Publicaciones

Perfil de un joven innovador: Michael Wong

10 abril 2008

Al describir su idea de usar oro para eliminar los desechos tóxicos, Michael Wong dice, “admito que parece una locura”. Wong proyecta combinar oro y paladio, metal aún más precioso, para tratar las aguas freáticas contaminadas bajo vertederos, fábricas y campos militares contaminados. “No es que sea más rápido que los métodos que se utilizan actualmente, es que es cien veces más rápido”, afirma Wong, “y apuesto a que además será mucho más barato”.

¿Detergente dorado? Este es el truco de Wong: crear nanopartículas de oro. En este terreno, el resultado del trabajo se mide, no en quilates, sino en átomos. Un dedal de una solución de color café contiene 100 billones de esferas de oro, cada una de las cuales de sólo 15 átomos de grosor, o aproximadamente el tamaño de un virus. Sobre cada nanoesfera de oro, Wong y su equipo de colaboradores espolvorean unos átomos de paladio. El resultado es algo así como un helado pequeño espolvoreado con minúsculas motitas.

Este joven de 35 años, graduado del Instituto Tecnológico de California y del Instituto Tecnológico de Massachussetts, dice que apenas había prestado atención a la cuestión de los desechos tóxicos hasta hace tres años, cuando uno de sus compañeros de la Universidad de Rice (recientemente nombrado catedrático titular ingeniería química) vino a verle y le dijo "tengo un problema", lo que suponía algo interesante en que ocuparse.

El problema tenía que ver con el tricloroetano, o TCE, sustancia sospechosa de tener propiedades cancerígenas, “uno de los contaminantes más extendidos”, según Wong, y “molécula realmente antipática”. El disolvente transparente, de olor dulzón, se ha utilizado durante decenios para desengrasar piezas de metales en fábricas y en instalaciones militares.

El TCE permanece como un huésped molesto, especialmente si se le trata con descuido. Se acumula en el suelo y puede perdurar años en las aguas subterráneas. En su informe del año pasado, el Consejo Nacional de Investigación (National Research Council) reveló que el TCE es una posible causa de cáncer de riñón; también se le relaciona con afecciones hepáticas, enfermedades del sistema inmunológico y con desequilibrios neurológicos.

Actualmente, el procedimiento comúnmente empleado para eliminar el TCD de las aguas freáticas es “bombearlas y tratarlas”, explica Wong, bombear el agua del suelo y pasarla por un filtro de carbono activado. Los granos de carbono absorben el TCE como una esponja, pero el proceso deja filtros llenos de TCE, que tienen que ser almacenados o quemados. “De manera que, en realidad, no se elimina nada”, añade Wong, “sólo se traslada de un lado a otro”.

Aquí es donde interviene Wong. Empezó a pensar en utilizar nanopartículas como catalizador para reaccionar con el TCE y descomponerlo en lo que él llama “productos derivados inocuos”.

Por las publicaciones científicas, Wong sabía que el paladio había demostrado cierta promesa de descomponer el TCE. Basándose en esto, él y su equipo empezaron a probar varias fórmulas y, tras seis meses de investigaciones, esculpieron un núcleo de átomos de oro cubierto de paladio.

“Al principio no podíamos creerlo, porque las nanopartículas de oro y paladio eran mucho más eficaces, cien veces más eficaces”, afirma. “El caso es que el oro no hace nada al TCE por sí mismo”, pero cuando se mezcla oro, paladio y TCE sucede algo muy interesante.

El nanodetergente de Wong descompone el TCE en etano y sales clorhídricas relativamente inocuas. Ahora él y su equipo trabajan con ingenieros en la construcción de un reactor de tamaño natural para probar el efecto de las nanopartículas en un lugar contaminado. Esperan limpiar el TCE en un año, aproximadamente, y entonces sabrán si tienen el detergente rentable que buscan.

Wong nació en la ciudad de Québec, y se crió en Sacramento, California. Su padre era propietario de un pequeño centro comercial, donde una tintorería que explotaba un arrendatario quedó contaminada con un producto químico de la familia del TCE. Wong recuerda que su padre fue considerado responsable legalmente y recibió una multa de miles de dólares. “Así que mi padre está realmente interesado en mi trabajo”, señala Wong. “No para de decirme, ?¡Date prisa, hijo!’”.

Este artículo es un extracto de Midas Touch, de William Booth, publicado originalmente en la revista SMITHSONIAN, edición de octubre de 2007. Booth es reportero para el diario The Washington Post y reside en Los Ángeles.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista o políticas del gobierno de Estados Unidos.

(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://iipdigital.usembassy.gov/iipdigital-es/index.html)