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Ben Carson: prodigioso neurocirujano

19 octubre 2010
Ben Carson en la sala de operaciones. (Foto cedida por Johns Hopkins Children’s Center)

El cirujano Ben Carson, pionero de la neurocirugía pediátrica, toma un descanso en la sala de operaciones.

Por Kenneth J. Cooper

Ben Carson era un “muchacho marginado de las calles de Detroit” ––según escribe en su autobiografía–– en momentos en que Estados Unidos atravesaba la difícil encrucijada del movimiento de los derechos civiles y la tumultuosa transición de una sociedad segregada. Ese muchacho pobre, que vivió en casas de inquilinato dilapidadas y que tuvo dificultades en la escuela, llegó a ser el Dr. Ben Carson, uno de los neurocirujanos más renombrados del mundo. Con sus manos talentosas ha alcanzado el éxito en operaciones quirúrgicas complicadas y ha salvado y mejorado la vida de miles de niños.

Después de tres décadas en el Centro Infantil del Hospital Johns Hopkins, en Baltimore (Maryland), el virtuoso neurocirujano puede contar con los dedos de su mano el número de resultados negativos en las delicadas operaciones quirúrgicas que ha realizado en cerebros de niños con problemas neurológicos. Carson logró adelantos médicos importantes al principio de su carrera profesional en ese renombrado hospital clínico. En 1985, perfeccionó la hemisferectomía, procedimiento con el que se retira la mitad del cerebro de niños pequeños que sufren de ataques crónicos de apoplejía sin afectar de modo significativo su desarrollo o funcionamiento. Considerada antaño demasiado arriesgada y perjudicial, la hemisferectomía es ahora una práctica médica normal, y Carson ha ayudado a más de cien niños con esa cirugía. Dos años después de lograr ese importante adelanto médico, Carson dirigió el equipo de 70 cirujanos que realizó la primera operación de éxito para separar gemelos siameses unidos por las cabezas. Los gemelos alemanes sobrevivieron la operación que duró casi un día entero.

En 2001 la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos nombró a Carson uno de 89 “personajes legendarios vivos” y en 2008, el entonces presidente George W. Bush premió a Carson con la Medalla Presidencial de la Libertad, el honor más alto que el gobierno de Estados Unidos confiere a civiles. Carson ganó reconocimiento popular con la película de televisión Manos milagrosas: La historia de Ben Carson (2009), que trata de su vida y logros excepcionales.

Carson, un ferviente cristiano que lee la Biblia todas las mañanas y reza con sus pacientes, está comprometido con ayudar a otros para que triunfen. Ha reducido su enorme carga quirúrgica para centrarse en formar a la próxima generación de médicos del Centro Infantil del Hospital Johns Hopkins, donde ha dirigido la Unidad de Neurocirugía Pediátrica durante un cuarto de siglo. Ha escrito cuatro libros y pronuncia muchos discursos, todos con la intención de inspirar a los jóvenes a que se propongan metas altas y a que trabajen con empeño para alcanzarlas. Durante dos décadas, Carson y su esposa Lacena (Candy) han dirigido una organización benéfica de ámbito nacional llamada Carson Scholar's Fund, que proporciona becas universitarias a estudiantes destacados con inclinaciones comunitarias y financia salas de lectura en escuelas primarias que carecen de bibliotecas. Su meta es ayudar a otros a seguir un camino hacia el éxito, similar al que él mismo tomó, aplicando las tradicionales virtudes de la disciplina, el trabajo arduo y la fe.

De humildes comienzos

Benjamin Solomon Carson nació el 18 de septiembre de 1951 en Detroit (Michigan), el hijo menor de Robert y Sonya Carson. Su padre trabajaba en una fábrica de automóviles en ese centro manufacturero de vehículos. Siendo una familia nuclear, los Carsons compraron una casa y prosperaron, al principio.

“Mi padre tuvo un buen empleo en una de las fábricas”, dijo Carson. “Mi madre administraba muy bien el dinero y, de hecho, logró ahorrar parte de lo que mi padre ganaba para invertirlo. Efectivamente, al principio mis padres eran propietarios de varias viviendas en Detroit. Posteriormente mi padre empezó con drogas y alcohol y lo arruinó todo”.

Después del divorcio, vino la pobreza. Sonya, que solo tenía estudios de tercer grado de primaria, y sus hijos pequeños Curtis y Ben, se fueron a vivir con parientes en Boston (Massachusetts). Allí vivieron en casas de inquilinato dilapidadas e infestadas de ratas y cucarachas, en barrios peligrosos plagados de crimen y violencia. Después de dos años, Sonya Carson había ahorrado con su trabajo de criada doméstica el dinero suficiente para regresar con su familia a Detroit. Si bien la condición del apartamento en el que allí vivían era similar, por lo menos Sonya Carson no dependía de los parientes ni de la asistencia del gobierno para los pobres.

“Trabajó mucho”, recuerda su hijo. “A veces no la veíamos en toda la semana. Salía a las cinco de la mañana y volvía a las once o doce de la noche. Iba de un trabajo al otro y al otro, porque estaba decidida a no ser una de esas madres que reciben asistencia social”.

A sus hijos, sin embargo, no les iba bien en la escuela. Carson recuerda que en quinto de primaria sus compañeros de clase lo llamaban “red de seguridad” porque “ninguno tenía que preocuparse jamás de obtener la calificación más baja en un examen mientras yo estuviese allí”. Carson está agradecido ahora de que su madre fuera “muy observadora”. En su trabajo en las casas de familias blancas ricas, Sonya Carson observó que los hijos estudiaban y leían después de regresar de la escuela, mientras que los suyos jugaban afuera o miraban la televisión.

“Así que un día, después de rezar por largo tiempo, mi madre llegó a casa y nos dijo: “Esto es lo que vamos a hacer de ahora en adelante. Ustedes van a empezar a leer libros. Van a apagar esa tonta televisión. Para asegurarme de que estén leyendo, me van a entregar informes sobre los libros”, recuerda Ben Carson. “Naturalmente, pensé que eso era ridículo”.

Al principio, los muchachos se mostraron reacios a otra actividad que su madre les impuso para después de la escuela: aprenderse las tablas de multiplicación. Se resistieron hasta que ella les indicó que si ella –que tenía una educación de tercero de primaria– pudo aprenderse las tablas hasta doce, ellos también podían hacerlo. Sus hijos obedecieron sus órdenes de leerse dos libros por semana, que tomaban prestados de la biblioteca pública, y de escribir informes acerca de cada uno y aprenderse de memoria la aritmética.

Carson se sumergió en la lectura, a lo que atribuye su transformación académica. En particular, menciona la inspiradora trayectoria de la obra Up from Slavery, la autobiografía de Booker T. Washington, quien nació esclavo pero fundó una universidad y fue asesor de dos presidentes de Estados Unidos. Carson encontró lecciones similares sobre la perseverancia y la búsqueda de la excelencia en el relato bíblico de José. Esclavizado y más tarde encarcelado injustamente, José finalmente llegó a ser primer ministro del Egipto antiguo.

“Llegué al punto de que si disponía de cinco minutos, me ponía a leer un libro”, relata Carson. “No importaba dónde me encontrara, esperando al autobús, viajando en autobús o en la mesa durante la cena. Mi madre, que siempre estaba detrás de nosotros para que leyéramos, me decía: ‘Benjamin: cierra el libro y cena’”.

Desarrollo de manos con talento

Carson fue el mejor de su clase en octavo de primaria y luego pasó a la escuela secundaria con un historial académico lo suficientemente sólido como para ingresar en la Universidad de Yale. Desde los primeros años de la adolescencia, estuvo decidido a ser médico. Pero sus hábitos de estudio no eran adecuados para la prestigiosa universidad en New Haven (Connecticut). En su primer año, estuvo a punto de suspender una clase de Química que se exigía como requisito para los estudiantes de preparatorio de Medicina. Oró por una guía. Milagrosamente, la noche anterior al examen final soñó con problemas de química escritos en un pizarrón y resultaron ser las preguntas del examen. Carson aprobó el examen y después prometió a Dios que cesaría de prepararse a última hora para los exámenes.

La Facultad de Medicina de la Universidad de Michigan fue el siguiente obstáculo. Una vez más, la lectura intensiva, de hasta ocho horas por día, lograron sacarle adelante tras suspender la primera tanda de exámenes. Carson comenzó su formación de posgrado como médico en el Centro Infantil del Hospital Johns Hopkins y la finalizó en el Hospital Sir Charles Gairdner del Centro de Medicina Queen Elizabeth II, en Perth (Australia). Volvió al Centro Infantil de Hopkins y, cuando el titular abandonó el cargo para tomar otro empleo, fue nombrado director de Neurocirugía Pediátrica y, de hecho, fue el único cirujano de plantilla en ese tiempo. Tenía 33 años.

La bendición de manos con talento

El ascenso de Carson, a una edad relativamente joven, se produjo debido a la considerable pericia que demostró en la sala de operaciones. Lo atribuye a una preparación meticulosa, una extraordinaria coordinación de manos y ojos, y a la habilidad poco común de poder imaginarse el cerebro en tres dimensiones, aún cuando las partes del órgano no son visibles. Carson realizó su primera hemisferectomía en 1985, a Maranda Francisco, entonces de cuatro años de edad, que vivía en Denver (Colorado). La operación tuvo éxito. Maranda y cientos de pacientes posteriores vivieron sin la mitad de sus cerebros porque, a una edad temprana, las células de la mitad remanente son lo suficientemente adaptables como para asumir las funciones del hemisferio desaparecido.

No pasó mucho tiempo para que padres de todas partes de Estados Unidos y del mundo pusieran a sus hijos gravemente discapacitados en las manos afectuosas de Carson. Entre estos estaban Theresa y Josef Binder, de Ulm (Alemania). Trajeron a sus gemelos varones siameses recién nacidos, unidos por las cabezas. Los gemelos fueron separados en 1987, después de una compleja y difícil operación de 22 horas realizada por un equipo de cirujanos dirigidos por Carson. Fue la primera operación quirúrgica de este tipo, y los gemelos sobrevivieron. Después de eso, Carson viajó al extranjero para ayudar a equipos de cirujanos a separar dos parejas de gemelos en Sudáfrica y una en Singapur. La operación realizada en 2003 en Singapur a las hermanas Bijani, estudiantes de derecho iraníes de 29 años, fue uno de los pocos fracasos quirúrgicos de Carson. Ambas hermanas murieron al cabo de unas horas.

El Dr. Ben Carson ha recorrido un largo trayecto. Desde los barrios marginados hasta el encomio internacional. Además de su propia dedicación y la de su madre Sonya, Carson atribuye su éxito a manos invisibles detrás de sus propias “manos talentosas”. Adventista del Séptimo Día, denominación cristiana que adora los sábados y no los domingos, Carson cree en los milagros.

“Absolutamente, sin duda alguna. Los he visto demasiadas veces”, dice Carson. “Creo con fervor en Dios. […] Me conozco a mí mismo y pienso en los casos en los que he estado involucrado, ¿sabe usted? Soy bueno, pero no tan bueno. Por tanto, sé que hay algo detrás de mí. Muchas veces me vienen impresiones de hacer algo, y, ¿de dónde vienen? Solo sé que hay algo más de lo que pueden ver los ojos”.

Kenneth J. Cooper, periodista laureado con el Premio Pulitzer, ha sido periodista y redactor de periódicos como el Washington Post, el Boston Globe, el St. Louis American, el St. Louis Post–Dispatch y Knight Ridder durante casi treinta años. En 1984 compartió el Premio Pulitzer por “The Race Factor” una serie de artículos en el Boston Globe sobre el factor racial. Ha cubierto temas de política federal y políticas sociales estadounidenses y fue corresponsal del Washington Post en Delhi para Asia Meridional. Regresó al Boston Globe como redactor nacional, desde 2001 hasta 2005, para después pasar a investigador residente en la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad Harvard.

(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://iipdigital.usembassy.gov/esp )

Ben Carson habla con estudiantes y padres en el gimnasio de una escuela. (AP Images)

Ben Carson anima a los estudiantes de una escuela secundaria de Nuevo México a que hagan realidad sus sueños.