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Los cuáqueros desempeñaron papel importante en el fin de la esclavitud en EE.UU.

La secta ilustra el activismo en derechos humanos de los grupos religiosos

Por Ralph Dannheisser | Staff Writer | 14 noviembre 2008
William Penn, fundador del estado de Pensilvania, propugnaba la libertad humana, pero tenía esclavos.

William Penn, fundador del estado de Pensilvania, propugnaba la libertad humana, pero tenía esclavos.

Washington – Para los cuáqueros, el enfoque en la promoción de los derechos humanos, sello distintivo de muchos grupos religiosos contemporáneos, no es nada nuevo.

Esta secta, denominada oficialmente la Sociedad Religiosa de Amigos, ha defendido la igualdad de derechos para las mujeres y para minorías religiosas y raciales prácticamente desde su fundación en Inglaterra en la década de 1640.

Los cuáqueros se cuentan entre las primeras y más insistentes voces que se opusieron a la esclavitud y la trata de esclavos en Inglaterra y en Estados Unidos, y estuvieron al frente del movimiento abolicionista del siglo XIX que precedió la Guerra Civil estadounidense.

A pesar de la larga historia de compromiso con los derechos humanos de esta secta, algunos de los primeros cuáqueros fueron propietarios de esclavos. William Penn, quien fundó la colonia de Pensilvania en 1682 como refugio para los cuáqueros y otros grupos religiosos minoritarios, tenía esclavos.

Según la autora Betty Wood, Penn consideraba que “la esclavitud era perfectamente aceptable, siempre que los propietarios de los esclavos atendieran las necesidades espirituales y materiales de aquellos a los que convertían en esclavos”.

Jim Powell, investigador del Instituto Cato, de tendencia libertaria, explicó la dicotomía de la siguiente manera: “William Penn fue el primer gran héroe de la libertad en Estados Unidos. [...] [En una época] en que los protestantes eran objeto de acoso por parte de los católicos y los católicos eran objeto de acoso por parte de los protestantes, y los cuáqueros y judíos eran objeto de acoso por parte de ambos grupos anteriores, Penn estableció un santuario en Estados Unidos que protegía la libertad de conciencia.

“Casi en todas partes, los colonos les robaron tierras a los indígenas, pero Penn [...] negoció adquisiciones pacíficas. Insistió en que las mujeres merecían los mismos derechos que los hombres. Dio a Pensilvania una constitución escrita que limitaba el poder del gobierno, contemplaba un código penal humano y garantizaba muchas de las libertades fundamentales”.

Sin embargo, señala Powell, “el punto débil de Penn era, curiosamente, la esclavitud. [...] Los cuáqueros estaban muy adelantados a la mayoría de la población estadounidense, pero es sorprendente que personas con su punto de vista humanitario hubieran contemplado en absoluto la tenencia de esclavos”.

“LOS DERECHOS” FRENTE A LA “AVARICIA”

En su libro El movimiento abolicionista, Claudine Ferrell señala que la historia del movimiento contra la esclavitud durante el período colonial “es, con pocas excepciones, la historia de argumentos, publicaciones, declaraciones y activistas cuáqueros” a pesar de que su progreso era “lento, incoherente y poco sistemático”.

En su obra narra que “las batallas internas entre ‘los derechos’ y ‘la avaricia’ se convirtieron en el centro de atención de un puñado de [cuáqueros] desde finales del siglo XVII hasta finales del siglo XVIII”, incluyendo a George Keith y sus seguidores. En 1673, publicaron el documento An Exhortation & Caution to Friends Concerning Buying or Selling of Negroes (Exhortación y advertencia a los amigos en cuanto a la compra o venta de negros), que quizás sea la primera protesta contra la esclavitud publicada y distribuida en las colonias estadounidenses.

En 1688, un grupo de cuáqueros y menonitas alemanes que se habían reunido en Germantown (Pensilvania) publicaron una petición en la que explicaban “por qué nos oponemos a la trata de hombres y cuerpos”.

“Nos manifestamos contra el transporte de hombres, o el hurto y la venta de éstos contra su voluntad”, dice el documento. “En Europa hay muchos que son víctimas de la opresión por razones de conciencia, y aquí hay víctimas de la opresión por ser negros. [...] ¡Ah! Consideren bien esto, quienes así se comporten ¿lo harían de esta manera? ¿Y se hace de acuerdo con lo que dicta el cristianismo?”

Los esfuerzos para poner fin a la tenencia de esclavos, al menos por parte de los cuáqueros, continuaron a mediados del siglo XVIII con las apasionadas palabras de predicador itinerante John Woolman y los escritos del abolicionista y educador Anthony Benezet, incluyendo su ensayo de 1760 titulado “Observations on the inslaving, importing and purchasing of Negroes” (Consideraciones sobre la esclavización, importación y comprar de negros).

Para 1787, año en que se aprobó la Constitución de Estados Unidos, prácticamente ningún cuáqueros tenía esclavos; en 1790, la Sociedad de Amigos presentó una petición al Congreso de Estados Unidos para abolir la esclavitud.

CORRESPONDENCIA ENTRE RETÓRICA Y ACCIÓN

Según el movimiento abolicionista fue cobrando impulso durante el siglo XIX, los cuáqueros cotejaron su retórica de derechos humanos con medidas enérgicas, a menudo tomando grandes riesgos.

Richard Dillingham, un maestro de Ohio, fue arrestado en Tennessee en 1848 cuando intentaba ayudar a tres esclavos escapar. Murió de cólera mientras cumplía una pena de tres años de prisión en la cárcel estatal de Tennessee en Nashville.

Los cuáqueros desempeñaron un papel importante en la organización y funcionamiento del llamado “ferrocarril subterráneo”, una red de rutas secretas y casas refugio que ayudaron a los esclavos fugitivos a alcanzar la libertad en los estados del norte y en Canadá.

El docente Levi Coffin y su esposa, Catharine, escondieron esclavos en su casa de Indiana durante 21 años. Coffin, que más tarde fue uno de los delegados enviados a la Conferencia internacional contra la esclavitud celebrada en París, afirmó haber ayudado a escapar a 3.000 esclavos.

Otra figura importante en el movimiento, Thomas Garrett, desafió abiertamente el sistema y los cazadores en su administración de una parada del ferrocarril subterráneo en Wilmington (Delaware). Declarado culpable por ayudar a una familia de esclavos a escapar en 1848, se le impuso una multa de 4.500 dólares. Garrett trabajó en estrecha colaboración con la célebre abolicionista afroamericana Harriet Tubman, quien a menudo llevaba a esclavos fugitivos a su estación en Wilmington.

LOS DERECHOS DE LA MUJER Y EL ABOLICIONISMO

Varias mujeres cuáqueras trabajaron la coyuntura de los derechos de la mujer y el abolicionismo.

La pastora y reformadora social Lucretia Mott, paladín de los derechos de la mujer, se dedicó en la época anterior a la guerra civil estadounidense a eliminar la esclavitud. Susan B. Anthony, nacida cuáquera, trabajó para prohibir la esclavitud, a la vez que se dedicó a conseguir el derecho al voto de la mujer.

Anthony explicó el vínculo entre los dos en el contexto más amplio de los derechos humanos cuando preguntó en la novena Convención Nacional de los Derechos de la Mujer de 1859: “¿De dónde, en nuestra Declaración de Independencia, deriva el hombre sajón la autoridad para privar a todas las mujeres y los negros de sus derechos inalienables?”

La esclavitud, cuya reducción contempló el presidente Abraham Lincoln en su Proclamación de la Emancipación en 1863, fue prohibida en 1865 cuando se ratificó la 13ª Enmienda a la Constitución de Estados Unidos. En 1870, la 15 ª Enmienda garantizó el derecho al voto del hombre negro, pero ni Mott ni Anthony vivieron para ver que la mujer consiguió el derecho al voto en 1920, a través de la 19 ª Enmienda.

La casa de la abolicionista Louisa May Alcott dio refugio a esclavos fugitivos.

La casa de la abolicionista Louisa May Alcott dio refugio a esclavos fugitivos.

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